29 de junio de 1997. El Mallorca asciende a Primera en la calle Payaso Fofó después de una promoción agónica. La temporada había sido un vaivén de emociones, con destituciones incluidas —Víctor Muñoz y Pichi Alonso— y con Tomeu Llompart al mando de forma provisional. La imagen de Obiku llevando a hombros a Bartolomé Beltrán en Vallecas era la confirmación del éxito que parecía escaparse y terminó siendo épico.
Días después aterrizaba en la isla un argentino casi anónimo: Héctor Raúl Cúper. Venía de Lanús, no conocía la Liga española y cuando todavía se pagaba en pesetas, nadie daba un duro por él. Era un desconocido absoluto como técnico. Y, sin embargo, aquel proyecto recién estrenado encontró en él orden, carácter y una identidad que marcaría época.
Un año más tarde, el Mallorca disputaba la final de la Copa del Rey ante el F. C. Barcelona. Aquella Copa que se partió en dos porque la debió ganar el Mallorca. La defensa de Cúper resistió una prórroga con dos hombres menos. El equipo rozó la gloria y terminó abriendo la puerta de Europa. Fue el inicio de una de las etapas más brillantes del club.
Mismo acento, distinto escenario
Casi tres décadas después, el Mallorca vuelve a mirar hacia Argentina y vuelve a contratar a un central, como en aquella época, pero no para jugar sino para ser el inquilino del banquillo, igual que ocurrió antaño con el ex Lanús. Llega Martín Demichelis, más conocido que lo fue Cúper en su día, pero sobre todo por su trayectoria como futbolista. Central de élite en el Bayern de Múnich y campeón en el Manchester City, su nombre tiene peso en el imaginario del fútbol europeo.
Como entrenador, sin embargo, también es un perfil todavía en construcción. No es que desconozca la Primera División —la jugó en España—, pero hace más de una década que pisó esos vestuarios como futbolista. No está actualizado en la categoría desde dentro, ni en sus dinámicas actuales.
El paralelismo es evidente: dos argentinos, dos centrales, dos apuestas que generan escepticismo inicial. Pero las diferencias son profundas.
Trece partidos y una cuenta atrás
Cúper llegó en verano, con tiempo, con pretemporada, con un proyecto por moldear. Demichelis aterriza ahora con trece partidos por delante -en realidad dirigirá doce-, los que restan hasta el final de Liga. No hay margen para construir, solo para reaccionar.
El contexto tampoco es el mismo. En 1997 el Mallorca iniciaba un camino en la élite, con tiempo para poner los cimientos. Hoy pelea por no abandonarla, con el edificio hecho. Entonces había ilusión por crecer; ahora hay urgencia por sobrevivir.
Cambiar a Jagoba Arrasate por Demichelis es un movimiento arriesgado. El equipo necesitaba un revulsivo, sí, pero el nuevo técnico se encontrará con un vestuario hecho, una competición lanzada y una adaptación obligatoriamente acelerada.
Su trayectoria en los banquillos deja luces y sombras. Ganó títulos con River Plate, aunque su etapa terminó antes de lo previsto. En Rayados de Monterrey su paso fue breve, marcado por resultados irregulares y tensiones internas, incluida una discusión pública con Sergio Canales antes de su destitución en mayo de 2025.
Desde entonces, casi un año sin dirigir. Ahora acepta lo que otros no quisieron aceptar: un contrato corto, una misión de alto riesgo y trece finales consecutivas.
En 1997 nadie conocía a Cúper y salió bien. Hoy a Demichelis lo conocen todos, pero sobre todo como jugador. La historia no se repite, aunque a veces rime. El acento es el mismo. El momento, no.
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