El RCD Mallorca perdió 0-1 frente a la Real Sociedad en un partido marcado por la falta de agresividad del conjunto local y por el malestar evidente de la grada, que volvió a señalar al palco tanto en el descanso como al término del encuentro.
El único gol del partido llegó en el minuto 36, cuando Carlos Soler adelantó al conjunto donostiarra con un remate raso desde el centro del área. Hasta ese momento, la Real Sociedad ya había avisado con varias llegadas, mientras que el Mallorca ofrecía más voluntad que claridad.
En lo deportivo, al equipo bermellón le faltó intensidad y determinación, especialmente en una primera mitad en la que fue superado en ritmo y presencia ofensiva. La reacción no llegó tras el descanso, pese a algunos intentos aislados.
Luvumbo, el único impulso ofensivo
La segunda parte dejó ocasiones puntuales para ambos equipos. Vedat Muriqi lo intentó de cabeza y con disparos desde el área, Antonio Raíllo rozó el empate en un córner y Jan Virgili probó desde fuera, pero sin acierto. También la Real Sociedad dispuso de oportunidades, como un remate de Beñat Turrientes que obligó a intervenir a Leo Román y un disparo de Luka Sucic que pasó cerca de la escuadra.
El cambio que agitó mínimamente el encuentro fue la entrada de Zito Luvumbo en el minuto 69. El atacante fue el único que logró encender a la grada con acciones verticales y desborde, convirtiéndose en la nota positiva de un Mallorca espeso y sin colmillo.
En los últimos minutos el partido se trabó entre faltas, amonestaciones y sustituciones, sin que el marcador volviera a moverse. La Real Sociedad supo gestionar la ventaja ante un rival que no encontró el camino al empate.
Pitos al palco y Demichelis en la grada
El ambiente en Son Moix fue protagonista. En el descanso, con 0-1 en el marcador, se escucharon pitos dirigidos al palco y gritos de “directiva dimisión”, una protesta que se repitió al final del partido. También hubo pancartas de apoyo al anterior entrenador: “Gracias, Jagoba de corazón”.
Gustavo Siviero ejerció como técnico interino a la espera de la llegada de Martín Demichelis, presente en la grada siguiendo el encuentro. La derrota y la imagen del equipo acentuaron la tensión entre la afición y la directiva en una noche en la que el resultado quedó casi en segundo plano frente al clima de contestación.
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