Dos goles de Vedat Muriqi, investido como máximo goleador histórico del Mallorca, abrieron el triunfo ante un Rayo Vallecano desdibujado que malogró sus escasas ocasiones ante Leo Román. El kosovar anotó primero al volear un balón peinado por Samu a la salida de un córner y repitió poco tiempo más tarde de la misma manera para agradecer un pase preciso del combativo Luvumbo. La faena la redondeó Jan Virgili sobre la marcha al ocupar un hueco en la zaga franjirroja en una falta lateral botada por Sergi Darder.
La vida sigue igual…
…..que no es poco. En la jornada «retro», chorrada de iniciativa aparte, el Mallorca empezó a jugar en posición de descenso y terminó dejando a cinco rivales por detrás, pero la contundente victoria sobre el Rayo Vallecano, que se suma al peligro, no le permite otra cosa que desligarse de la cola sin carácter definitivo ni mucho menos.
Los hombres de Iñigo Pérez, de breve pasado mallorquinista, tuvieron la pelota, pero nunca el control. De eso Héctor Cúper sabía bastante y, aunque a distancia de su edad y sus métodos, Demichelis parece tenerlo claro. Si a un entrenador se le exige sacar el máximo rendimiento de sus discípulos, no cabe la menor duda de que el cordobés de Justiniano Posse cumple con creces. Sergi Darder es un hombre distinto siendo el mismo jugador, Pablo Torre ya muestra algo de lo que se esperaba y Luvumbo, inédito desde su incorporación, se ha revelado como el acompañante idóneo del artillero de moda, Muriqi.
El Rayo traía borrasca, pero sin truenos. Leo Román, dubitativo e inconsciente con los pies, solo tuvo que emplearse a fondo en un tiro de Lejeune como producto de un libre directo cerca del área. Sí, porque los de la madrileña barriada de Vallecas llegaban con relativa facilidad al área local, aunque allí morían sus avances. Incluso empezaron a presionar arriba para sacar provecho de las consabidas dificultades del anfitrión para salir en juego combinativo. En cambio, descuidaron su retaguardia, asaltada permanentemente por el correoso Zito Luvumbo, una pesadilla para los acomodados y lentos centrales visitantes.
Cuando uno es consciente de sus limitaciones, el Mallorca las tiene y todos las conocemos, es preciso tomar medidas preventivas. Esto no es fútbol sala, ni balonmano. El balón parado es otro recurso, también lo usaba Luis Aragonés, a falta de virtudes más significativas. «Désela a Engonga o échela fuera», le gritaba Cúper a Olaizola. Salvando las distancias, Sergi Darder ha tomado ahora el papel del «negro», como él mismo le hizo saber a Eto’o en cuanto entró por primera vez en el vestuario, y si hay que alejar el peligro a cualquier parte, se hace. Noventa y tantos minutos dan para todo. Con el de Artá al timón, Pablo Torre de contramaestre, Zito al abordaje y el «Pirata» sable en ristre, es más sencillo hacerse con el botín, aunque para alcanzar el puerto todavía falta y el empeño exigirá, además de tales virtudes, la misma intensidad, sacrificio y solidaridad, sin prima para la permanencia pero sí orgullo de casta.
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