“Mira, Emilio, lo que hizo la selección española en el Mundial fue algo muy, muy, difícil de conseguir, de plasmar y eso lo sabemos todos, incluso los que no saben nada de fútbol. Cuenta los países que han ganado un Mundial y te darás cuenta de lo difícil que es y la brutalidad que supone ganarlo ¡y cómo lo ganamos!
¿Por qué lo ganó España? Lo ganó por muchísimas cosas, Emilio, por muchísimas cosas porque, en esto del fútbol, que como todos los deportes ha evolucionado en los últimos 20 años de una forma tremenda, como el tenis, el baloncesto, las motos, la F-1…lo importante es tener una idea, creer en ella, entrenarla, evolucionarla, mejorarla y, por descontado, acabar encontrando, en cada momento, los futbolistas capaces de plasmarla en el campo.
Todo el mundo dice que esta es la España de Luis de la Fuente y yo estoy de acuerdo. No digo, no, que este sea un equipo de autor. Este, como ha contado el propio De la Fuente, es un equipo fruto de la evolución del fútbol español, seleccionado, muy bien escogido y cimentado por un técnico que conoce de maravilla a todos los futbolistas, entre otras cosas porque los ha tenido a todos en las selecciones inferiores. Y, sobre todo, les hizo creer, desde el primer día, que serían campeones. Los convenció, se les notaba que creían (más que nadie).
De la Fuente los unió alrededor de una idea, que ha sido la que ha identificado al fútbol español en las últimas décadas: muchos dirán que es el juego del Barça, otros que es el fútbol de Cruyff, bueno, es un juego vistoso, de posición y posesión. Todos juegan el balón con apenas dos o tres toques antes de encontrar un jugador libre para avanzar y el poseedor de la pelota siempre tiene una o varias soluciones para continuar la jugada, porque todos se ofrecen. Todo el mundo mantiene su rol, confía en su compañero y deja que el balón vuele.
Repito, De la Fuente es el maestro y puede que Rodri sea su general en el campo, aunque a mí, lo siento, Emilio, me sigue encantando, entusiasmando, Busquets, pero la jerarquía de Rodri es tremenda, esa cabeza alta, ese cuerpo erguido, dominador, ese faro, esa manera de distribuir el juego.
Pero, lo siento, yo me quedo con el gol de Porro ante Francia. Esa es la obra de arte de esta selección, de nuestro fútbol, de un once (o 16) que juega (casi) con los ojos cerrados y, sobre todo, y fundamental: se trata de un equipo, de una selección, de una familia, de 26 futbolistas unidos alrededor, más que de una idea, de una creencia. Hicieron un Mundial tan bestia, que si empezase mañana, hoy mismo, volverían a ganarlo con idéntica solvencia, no digo facilidad.
Y digo que me quedó con el gol de Porro ante Francia porque es pura poesía de lo que representa nuestro fútbol. Es el gol de la exaltación de esa manera de jugar. Lo he visto una docena de veces y no dejo de admirarme con todo lo que hacen todos. Bueno, casi todos, pues los dos únicos que no tocan el balón en toda la jugada son Cubarsi y Oyarzabal pero, aún así, Cubarsi se mueve para que Laporte inicie la jugada y Oyarzabal, antes de la pared de Porro con Del Olmo, distrae a toda la defensa francesa.
La tocan Cucurella, Laporte, Unai Simón, Rodri, Fabián, Lamine Yamal, Olmo, Baena y, finalmente, Porro. Esos nueve la tocan, al menos, una vez. La jugada es larga, larga, el arranque de Laporte es prodigioso, con una intención ofensiva tremenda, con idea de hacer daño. Luego, tras un rechace francés, el balón es recuperado por Baena, Fabián y Rodri.
Al final, se la ceden a Porro, que ya estaba incorporado al ataque por la banda derecha. Cuando Porro recibe, Lamine Yamal, que para mí, sin estar brillantísimo en el Mundial provoca un miedo horrible en el rival, tal que Digne ni se mueve y se desentiende de Porro porque le da mucho más miedo Lamine.
Porro, que tiene instinto atacante (ven, otro enorme acierto de De la Fuente, que no duda en meter a Porro en el segundo partido, como cuando decidió quitar a Pedri, que estaba fundido), se cuela como cuchillo en mantequilla ante Doué y Koné.
Ya en el borde del área, Oyarzabal arrastra a dos defensas franceses alejándolos del área, sabe que no va con él la jugada pero quiere abrir más hueco y permitir que Porro, que ya sabe lo que quiere hacer tras dejar atrás a Doué y Koné, penetre, haga la pared con Del Olmo, que aguanta como un gladiador ante el enorme Upamecano y, desde el suelo, le devuelve el esférico a Porro, que, ante la salida desesperada de Maignan ¡Emilio, no sabes lo grande que se hace el portero en esos momentos!, mete un golazo increíble, en escorzo, con el empeine derecho, en el más puro estilo Lamine Yamal. Repito un prodigio, pero un prodigio de todos.
Cuando veo repetido ese partido, el España-Francia, ese gol, ese mando y dominio de la selección de De la Fuente, entiendo por qué, cuando estaba en La Masia, venían técnicos japoneses, alemanes, muchos alemanes, ingleses, hasta holandeses, bueno de todos los países del mundo para saber cómo lo hacíamos, cuál era el método. Y entiendo que Zidane cuando el otro día, al hacerse cargo de la selección que perdió ante España, dijese “yo he vivido 25 años en España”. ‘Zizou’ sabe, mejor que nadie, que ese fútbol es prodigioso, es el fútbol a copiar. Pero, amigo, necesitas a Iniesta y compañía o a todos los amigos de Rodri”.
PD. Fragmento de una conversación de ayer con Llorenç Serra Ferrer, técnico del Poblense, Real Mallorca, FCBarcelona, Betis y AEK de Atenas, en S’Olivaret, su coqueto y precioso hotel rural en Alaró, en plena Serra de Tramuntana, junto a mis colegas Alejandro Vidal, Ricard Cabot y Jaime Cladera, exconseller de Turismo del Govern Balear y expresidente del Real Mallorca.

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