El estómago de Mr. Kohlberg aguanta menos en Londres, que está más cerca que Arizona o Miami. Desde la capital británica ordenó la ejecución de Arrasate después de festejar su lamentable decena al frente del Mallorca, suyo aunque nuestro. En tan festiva ocasión prometió diez años más, sin dejar de alabar la espectacular labor de sus jerifaltes, los infalibles e inefables Alfonso Díaz y Pablo Ortells. Los ataques de ira del primer accionista solo van con los de abajo y por la espalda; es más fácil echar a uno que a veinticinco. Un tópico de mentira porque aún es más sencillo despedir a un CEO que pierde dinero o a un director de fútbol cuya única función es vender caro y comprar barato; todo un as de los negocios.
No ha habido refuerzos en el mercado de invierno. Bueno, han fichado a dos jugadores, pero tenemos un director de audiovisuales y redes sociales y, más recientemente, a otra de eventos. Hay más jefes que indios, pero no futbolistas ni técnicos. Lamento profundamente no poder conceder a Martín Demichelis los acostumbrados cien días de gracia, pues son los que quedan de liga; sin embargo, ya han transcurrido casi trescientos minutos, entrenamientos aparte, sin que haya corregido ninguno de los numerosos defectos de fondo que mantienen a su equipo en descenso, más allá de cambiar a los centrales de lado y otras técnicas de maquillaje.
Tampoco tiene la culpa. Han puesto a su disposición a medio portero, Leo Román, a cambio de los once millones ingresados por Rajkovic en primer lugar y Greif más tarde. Un lateral, Maffeo, cedido a la Kings League con autorización regia, ahora en un disparadero paralelo a aquel en el que sucumbió Dani Rodríguez. Otro, Mojica, con su mente en el Mundial e igual que el capitán, Raíllo, con más años y en lesiva decadencia, cuyo aparente relevo, Kumbulla, vino a la isla a sanar sus heridas. Ha rescatado, sí, a Pablo Torre en detrimento de Sergi Darder, pero Arrasate se inventó a un central que el argentino ha devuelto a los corrales, David López. Cromo por cromo. Ya si hablamos de Lato, Kambula, Joseph, Asano, Morlanes y demás familia, pidan explicaciones al maestro armero: Ortells. Si confeccionas una plantilla con más de la mitad de sus integrantes de nivel segunda división y ocupas una de las tres últimas posiciones de la tabla, blanco y en botella. Samu y Muriqi, tuertos en el país de los ciegos, no cuentan. Ellos buscan destino y el club, dinero.
Crisis ¿what crisis?, titularon los grandísimos Supertramp. Unión ¿qué unión?, preguntamos nosotros, ¿dónde y entre quiénes? Los ejemplos han tardado menos de lo que invierte el equipo en encajar uno o dos goles.
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