Ya no sé si escribir. Ya no sé si opinar. Ya no sé si sirve comentar algo. He leído que Luis Enrique, el campeón, el rey del pollo frito, el señor del andamio, dice que “las opiniones de mierda no hay que respetarlas”.
No sé si alguien le habrá contado que ese 5-4 del PSG-Bayern de Munich no me pareció, como a él, el partido del siglo, de la vida. Espero, aunque me da absolutamente igual, que no le hayan comentado que yo creo que es muy, muy criticable que su equipo se pusiese 5-2 en el marcador, no parase el partido y se vaya a Munich con solo un gol de ventaja. Será una opinión de mierda, pero así es.
Así que como a mí la que me parece una opinión de mierda es la de Luis Enrique, voy a comentar el alegrón que me he llevado esta noche tras un partido típico de descenso, tras un choque entre dos equipos cadavéricos, que acabó, por fin, ¡por fin!, con una victoria del Real Mallorca fuera de casa y tres puntos que, ahora sí, le permiten respirar a los rojillos, aunque aún queda mucho, mucho trabajo por hacer.
Si queda mucho trabajo por hacer habiendo ganado en Girona, imagínense lo que hubiese sido si empatamos (bueno, mira, el empate aún te servía) o el caos que se hubiera generado si llegamos a perder.
Y perdónenme que pluralice, pero llegada esta hora de la temporada hay que empezar a mojarse. A todos, a todos, nos viene de maravilla que el ‘Mallorqueta’ se quede un año más en Primera División, pues es en Primera División donde podemos ver a los mejores, aunque nos ganen. Y eso que ganamos, por ejemplo, al Real Madrid.
Es evidente que había que jugar a morder, había que dejarse el alma en este partido y, sobre todo, había que marcar algún golito (“este Samu debe ir a la selección”, gritó Mojica) y, luego, pelear, pelear, pelear. Y, sí, claro, cómo no, tener suerte. No la suerte de los campeones, pero sí la suerte de los que sufren para salvarse. Parece que ya vamos encontrando tres peores que nosotros, por ejemplo, este Girona glamuroso, que, como el RCD Espanyol, se va metiendo poco a poco en un buen lío.
Contó Demichelis, yo creo que para demostrar ante los seguidores rojillos que es un sargento, que había estado castigando, abroncando, maltratando y mucho a sus jugadores durante esta semana.
Que les había mostrado su enfado, porque él quiere un equipo con alma los 90 o más minutos de juego. Y, desde luego, si algo tuvo el Mallorca en Girona fue alma y pasión para pelear. ¿Para jugar? Bueno, eso es otro cantar, pero ¿en qué contrato está escrito que hay que jugar bien? Y, sobre todo, ¿quién juega bien cuando está a punto de descender? Nadie.
Les escribí hace un par de semanas que esto tenía otra pinta. Debió ser otra opinión de mierda, según Luis Enrique, pero lo cierto es que, con sus altibajos, sí, claro, el grupo de Demichelis se comporta lo suficientemente bien como para no llegar a la última jornada de Liga jugándose la vida.
No está hecho, ni mucho menos, pero con 38 puntos (dicen que la salvación puede estar en los 42), ya falta mucho menos y, desde luego, estamos muuuuuuuucho mejor que Girona (38), Alavés (36), Sevilla (34), Levante (33) y Oviedo (28). Por no decir que Elche (38) y RCD Espanyol (39) no se pueden dormir.
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