No, la fuerza de nuestro fútbol no está, lo digan Javier Tebas, Rafael Louzán o toda su corte de bien pagados, en la mierda, con perdón, de esta liga, se llame como se llame, manipulada de principio a fin hasta el punto de insertar una final de Copa e interferir en las competiciones europeas, para que cuatro equipos que no se juegan nada decidan resultados que afectan directamente a aquellos de cuya vida y economías dependen tales marcadores.
La verdad de nuestro fútbol está, por desgracia, fuera de España, con dos entrenadores en la final de la Champions, Luis Enrique y Mikel Arteta, y un tercero, Unai Emery, campeón de la Europa League; Iñigo Pérez, subcampeón de la Conference, y otros como Roberto Martínez (Portugal), Carles Martínez (Toulouse), Andoni Iraola (Bournemouth), Pep Guardiola (City) y Xabi Alonso (Chelsea), entre otros en Italia y otros países.
La eclosión de los técnicos españoles ha revolucionado la Premier, la liga doméstica más importante de Europa, y ha triunfado esta temporada rotundamente al otro lado de los Pirineos. Casi ninguno de ellos ha sido profeta en su tierra y, mientras sabelotodos como Florentino Pérez se desprenden del tolosarra para reincidir en viejas glorias como Mourinho, el fútbol que vende, que ilusiona y que arrastra es el que vemos a través de la televisión, a la par que nuestros sesudos dirigentes se concentran en llevar el campeonato a otros países o, nada menos, que su Supercopa, equivalente a un campeón de campeones, a otro continente.
Ya de jugadores no hablo. Si usamos de nuevo el ejemplo del Real Madrid, se ha pasado dos años sin ganar ni el entreno de los jueves, sin prácticamente españoles en sus filas. Algo bueno que tenemos y lo despreciamos para salvar el ego de unos cuantos enteradillos, ocupen el cargo que ocupen.
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