El mes de febrero comenzó para el RCD Mallorca con una prometedora victoria ante el Sevilla (4-1), y con una clamorosa derrota en los despachos. Más que una derrota, una goleada silenciosa que se gestó el mismo día que el equipo celebraba los goles de Muriqi sobre el césped de Son Moix.
Aquel 2 de febrero, mientras el Mallorca firmaba una de sus mejores actuaciones del curso y Muriqi vivía su noche más feliz, en el despacho de Pablo Ortells se acumulaban las negativas. Las gestiones para reforzar la plantilla no cristalizaron y los principales objetivos del club volvieron a escaparse.
El cierre del mercado dejó incorporaciones cerradas a última hora, terceras opciones tras fallar los intentos por contratar a futbolistas más contrastados. Lo que debía ser un impulso terminó siendo el primer síntoma de lo que estaba por venir. Ese mismo día que el equipo salía del descenso y se situaba en la decimocuarta posición, se plantaban también los cimientos del fracaso.
Cuatro derrotas y una caída libre
A partir de ahí, febrero se convirtió en un mes para olvidar. El Mallorca cayó de forma consecutiva ante el FC Barcelona (3-0), el Real Betis (1-2), el Celta de Vigo (2-0) y la Real Sociedad (0-1), encadenando cuatro derrotas sin sumar un solo punto.
La clasificación no ha tardado en reflejar la caída: del puesto 14 al 18 en apenas cuatro jornadas. El impulso del triunfo ante el Sevilla ha quedado diluido por una dinámica negativa que devolvió al equipo a posiciones de descenso.
Tras la derrota en Vigo llegó otra decisión polémica: la destitución de Jagoba Arrasate. El técnico pagó el precio de la mala racha en un contexto marcado por la inestabilidad y la falta de resultados.
Ahora, al RCD Mallorca solo le queda encomendarse al nuevo entrenador y confiar en una reacción inmediata. La esperanza pasa por encontrar tres equipos peores que el RCD Mallorca, que hoy se muestra vulnerable, atenazado por sus errores y obligado a rehacerse contrarreloj.
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