La trayectoria de la Selección Española en el impresentable Mundial de Infantino, todavía presidente de la FIFA a pesar de sus desmanes y ocurrencias, nos evita tener que ocuparnos del Mallorca que, sin embargo, nos preocupa cada vez más.
Luis de la Fuente, el seleccionador, y Pepe Reina, portero suplente de Iker Casillas en Sudáfrica, donde España bordó su primera estrella en la camiseta, resumieron en una sola frase una evidencia tan notoria que, precisamente por obvia, puede pasar desapercibida: un equipo ha ganado a una selección. En efecto, son dos conceptos muy distintos y es de justicia recordar que fue Luis Aragonés, cuya herencia recibió Vicente del Bosque, quien confirió carácter e idea de grupo al conglomerado de jugadores dominado por los del Barça y el Real Madrid, que no ganaban nada desde la Eurocopa de 1964.
Cuando el Sabio de Hortaleza fue presentado como entrenador del Mallorca en el verano del año 2000, procedente del Real Oviedo, al que había salvado in extremis del descenso, le pregunté en rueda de prensa su parecer en relación a la Roja, eliminada por Francia en cuartos de final. «La Selección —me respondió— carece de personalidad como equipo, no practica un fútbol definido. Todos sabemos a qué juegan Brasil, Italia, Alemania, Inglaterra o Argentina, pero nadie es capaz de identificar el estilo de España. Habría que trabajar en eso».
Fue una profecía a la que el paso del tiempo ha dado la razón. Esto, pase lo que pase el próximo domingo en Nueva York, es lo que ha recuperado el equipo que dirige sin estridencias Luis de la Fuente, un técnico que, según confiesa, no mira el balón durante los partidos porque «hay que estar pendientes de otros detalles que no tienen que ver con la pelota».
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