“Para mí, Rodri vale 35 millones su aporte al Barcelona y 40 millones lo que le resta al Real Madrid. Me parece que es un fichaje estratégico del Barcelona. No va a influir demasiado en el juego del Barcelona, aunque le va a poner acento a todo lo que Flick propone, pero en el Real Madrid hubiera revolucionado el juego del equipo. Le hubiera mejorado todo su entorno, la pelota a los delanteros le hubiera llegado antes y mejor, ese tipo de influencia que tienen esos jugadores con, no tanto efecto en el gol, pero sino en el juego. Y este, para eso, es el mejor jugador del mundo“.
Palabras de Jorge Valdano en Movistar Plus Deportes. Cuando tú fichas al mejor jugador del mundo, vale, del Mundial, que es (casi) lo mismo, no puedes abrir la boca y, sobre todo, no te puedes hacer el enteradito, el ‘panenkita’, diciendo que es un mal fichaje. Es un fichaje extraordinario.
Pero deberíamos ser un poquito realistas y reconocer (cosa que jamás, jamás, hará el Barça y, mucho menos, Laporta o Deco) que Rodri no estaba en el radar del ‘més que un club’ en ningún momento. Ni antes, ni durante, ni después del Mundial.
A Laporta, tan antimadridista como culé, se le pusieron los ojos como platos cuando el centrocampista del City se puso a tiro. Tal y como describe magistralmente Valdano, era un grandioso refuerzo y una enorme patada en el culo de Florentino Pérez. Dos tazas de caldo.
Y, a partir de ahí, todo son parabienes sobre la cabeza, privilegiada, fuera y dentro del campo, del campeonísimo Rodri. Que si maneja el tiempo del partido como nadie, que si es un jugador completísimo, que si será la experiencia y la madurez que precisa (y exige) Hansi Flick en el vestuario, que si permitirá que Pedri (por cierto, aún recuperándose del Mundial) se dosifique, que si será un padre para Bernal y un abuelo para Lamine Yamal, que si es un jugador de Champions más que de Liga, que si aún le quedan varios años de buen fútbol, que si el precio es barato dado el nivelazo de futbolista que es, que si ha nacido para jugar en el Barça, que si es el noveno culé de la España bicampeona, que si juega a ciegas con los demás internacionales y así hasta el infinito, hasta los 76 millones de euros (y pico) que puede alcanzar el fichaje.
No deja de ser curioso que, a falta de días, horas, para empezar la Liga, el Barça tenga, como diría Carlo Ancelotti, los dos mejores centros del campo del fútbol mundial, el titular y el suplente (sin Rodri). Imagínense ahora. Y, sin embargo, no tenga ni un solo delantero centro, cuando, se supone, que necesitará dos, como necesitará las decenas de goles que se han volatilizado con la salida de Lewandowski y Ferran.
La venta de Ferran Torres (¡qué mal te has despedido del Barça, muchacho, qué mal, aunque el club tampoco te lo ha puesto fácil, bueno, no te quería) no ha estado en duda en ningún momento. En la mente de Laporta y Deco no estaba renovarle ni de la risa, como tampoco estaba fichar a Rodri. El Barça cree que Ferran no es su 9 y, por descontado, que no merecía ficha de 9 titular. Y punto. No hubo debate alguno.
Pero, repito, a 18 de agosto, el Barça se desprende de lo que necesitaba y compra un cromo repetido, extraordinario, pero repetido, no único, no. Y lo hace para que se fastidie el Real Madrid: lo que no pudiste comprar tú, lo compro yo. Es evidente que este serial podría tener un final irreal, imposible, esperpéntico: el Real Madrid haciéndole una oferta a Bernal, que tiene contrato hasta 2029 y una cláusula de 500 millones de euros.
Mira, la millonada que le falta a Laporta para acabar el Spotify Camp Nou. No des ideas, Emilio, no des ideas.
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