11.38 horas del pasado 24 de junio. 69 días después se destapa el embrollo, el engaño, el timo, la falsedad… y puedo repetir el titular.
El primer párrafo de aquel artículo, que, sin duda, volvió a provocar las risas en muchos culés y ya ni les digo en la junta directiva que dirige Joan Laporta, en el departamento deportivo que lidera Anderson Luis de Souza ‘Deco’ y en la prensa amiga, muy amiga, tan amiga que está regalada, decía: “Veamos, existe la posibilidad, no la descarto, de que Joan Laporta y Deco estén utilizando la operación Julián Álvarez para distraer al personal, entretener al mercado y a la prensa, mientras negocian otras vías para fichar un auténtico delantero centro”.
¿Es posible, de verdad, que yo fuese el único, ¡el único!, que a este lado del río no los creyese? ¿Es posible, en serio, que solo yo pensase que la estrategia que había escogido el Barça, no sé si Laporta, Rafa Yuste, Alejandro Echevarría, Deco, Bojan Krkic o el asesor Enric Masip, no era la adecuada, y peor aún, con la que jamás de los jamases lograrían arrancar a Julián Álvarez del Atlético?
¿Es posible, solo posible, que solo yo viese que era imposible que yendo de soberbios, de prepotentes, calentando al futbolista, enredándose con su representante, malmetiendo en plenas semifinales de Copa del Rey y Champions, soportando una demanda ante la UEFA, dando por seguro que las declaraciones, la postura, el ruido y el enfado del argentino iban a forzar que el Atlético se viese obligado a vender (o malvender) a su estrella?
¿De verdad Laporta, Yuste, Echevarría, Deco, Bojan y Masip creían que con el ruido que harían sus voceros, que no han parado, ¡no han parado!, de hacer titulares e informaciones para intimidar a Miguel Ángel Gil Marín, ablandarían a los colchoneros, que son archimillonarios ahora que han vendido el club a un fondo de inversión estadounidense?
Yo entiendo que a la prensa amiga le interesase estirar el chicle, lo entiendo. Yo también vivo de esto. Pero ¿saben por qué no me los creí? Por lo mismo que ellos: los que han contado que Julián Álvarez estaba al caer contaron con pelos y señales que Nico Williams estaba ya fichado, al igual que se creyeron todos los enredos que hubo hasta llegar al caso Julián Álvarez.
Tengo una idea de quién llama a los periodistas para pedir ayuda para engrandecer los bulos. Lo que me sorprende es que les sigan creyendo y que decenas de firmas encabecen informaciones que, luego, se han demostrado falsas.
Porque, de la misma manera que el caso Julián Álvarez nos ha permitido hacer mucho ruido durante meses, ahora deberíamos considerar el intento, la operación, un fracaso estrepitoso del Barça, de Laporta, Yuste, Echevarría, Deco, Bojan y Masip.
Fracaso: resultado adverso de una empresa o negocio. Estrepitoso: que crea estrépito. Estrépito: ruido considerable. Blanco y en botella. Solo lo leerán aquí: no fichar a Julián Álvarez es un fracaso estrepitoso, que ha creado mucho estrépito.
El Barça sabía, desde hacía muchos meses, que Lewandowski no iba a seguir y sabía que no pensaba ofrecerle renovación alguna a Ferran Torres. Ha tenido muchos meses para fichar un auténtico 9, un nueve de Champions, y no lo ha fichado. No, no, por favor, no me hablen de Gabriel Jesús, por favor.
Yo no diré que el Barça ha perdido gol. No diré que este Barça no puede ganar LaLiga, la Champions, la Copa y todo lo demás. No lo diré. Digo que el único trabajo que tenían Laporta, Rafa Yuste, Echevarría, Deco, Bojan y Masip ha sido un fracaso estrepitoso. Y que ellos, más la prensa amiga, han vuelto a engañarnos.
Pero yo no los creí nunca. Porque no los creí cuando dijeron que renovarían a Leo Messi “con un asadito”; cuando filtraron que la Pulga sería la estrella del 125° aniversario en el Liceu; cuando dijeron que habían vuelto al 1×1; cuando contaron que la mejor constructora era la turca Limak; cuando explicaron que el Spotify Camp Nou estaría listo a finales del 2024; cuando cantaron que el estadio costaría 1.500 millones y, ahora, pedirán 500 más para acabarlo; cuando señalaron que estarían los dos Palau; cuando dijeron que no pagarían comisiones y apareció Darren Dein; cuando el presidente afirmó, en una entrevista, que Limak pagaría un millón de euros de penalización por día de retraso… No me los creí, no me los creo y los que les han contado, durante más de 69 días, que Julián Álvarez estaba en el saco sí se los creyeron. Y se los seguirán creyendo. Les interesa.
Todos ustedes ya saben que uno de los consejos que papá me repetía, lo digo porque se lo he contado varias veces, era: “Emilio, lo más importante en esta vida es que no te tomen por tonto”.
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