Ahora mismo, cosa imposible, lo sé, me encantaría ver la cara de los que no han votado a Lamine Yamal y le niegan el Balón de Oro viendo, por ejemplo (porque se supone que son votantes que no se pierden un partido ni, mucho menos, un resumen), el último mes del ‘niño de oro’ del Barça (y de España): dos goles ante el Rayo, dos goles ante el Valencia, un gol y dos asistencias frente al Feyenoord, dos goles ante el Levante, un gol y dos asistencias contra el Racing, dos asistencias ante el Sevilla, un gol en Wembley frente a Inglaterra y, anoche, dos goles y una asistencia contra Croacia.
Puede, repito, que todos esos recitales, todos, no se perdió ni uno, no cuenten para la votación del Balón de Oro que, dicen, ya la han ejecutado sus jueces hace semanas. Por eso digo, intuyo y sospecho, que se va a liar gorda si no le dan el Balón de Oro a este prodigio, que, sí, es cierto, es muy difícil que siga los pasos de Leo Messi pero que, de momento, ha empezado mucho más joven que la ‘Pulga’ a ser el mejor del mundo.
Además, miren, si es cierto, que no lo sé, que el Balón de Oro se da a un futbolista que es mucho más que goles, entonces, olvídense, no hay ningún otro como Lamine Yamal y, sí, a mí también me sabe mal que él se pregone tanto, pero es la modernidad, qué quieren que les diga. Yo tengo 74 años y me cuesta entenderlo, pero mis hijos y todos los jóvenes y niños que conozco (y conozco un montón, por la edad, más que nada), dicen que por qué no va a decir que es el mejor, si es el mejor.
Pero, insisto, si resulta que no solo se premian los goles, entonces saquemos el cartapacio, el bloc y el lápiz y apuntemos. Lamine Yamal es, ahora, la viva representación del FÚTBOL, así con mayúsculas. Lamine Yamal es, ahora, como dice Manolo Lama, el único futbolista por el que vale la pena pagar una entrada (y cara). Lamine Yamal ha hecho que miles y miles de aficionados y jóvenes vuelvan a los estadios. Lamine Yamal y, anoche, fue una prueba palpable en el Sánchez-Pizjuán, es querido por todo el mundo, cae bien a todas las aficiones, es simpático, es ídolo de masas, no es de una sola camiseta.
Y, además, Lamine Yamal tiene algo que no tienen los otros candidatos al Balón de Oro. Lamine Yamal es el líder de una generación. Lamine Yamal es el flautista de Hamelín con un balón en la boca y produciendo música celestial que arrastra a las masas, que deja prendados a los niños y jóvenes, que entusiasma y que convierte el fútbol en lo más importante de las cosas menos importantes de nuestra vida.
Esto solo acaba de empezar, haríamos bien en no cogerle manía a este chavalito. Harían bien los que le rodean, que no son pocos, en ayudarle, asesorarle y llevarle por el buen camino. Eso de que muestre ese desparpajo y muchos se crean que ya domina, no es nada bueno. Sería justo y necesario que, no solo Hansi Flick, Luis de la Fuente, Rodri, Unai Simón, Pedri o Raphinha, se convirtieran en sus mejores muletas, en sus lazarillos.
Sería maravilloso que el resto de su mundo, aunque a muchos nos quede lejísimos y, a veces, incomprensible, ayude a que el muchacho no se lo crea (del todo) y piense que, con calma, puede construir la misma historia (o parecida) que Leo Messi.
Yo sí lo creo, de verdad, estando Leo a años luz de los futbolistas humanos. Lamine Yamal tiene luz propia. Lamine Yamal deslumbra. Es otra cosa. Si no le dan el Balón de Oro se va a liar. Con razón.
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