La Casa de La Misericordia. Un edificio en constante evolución desde hace cinco siglos. Levantado como hospicio por los jesuitas en la primera mitad del siglo XVII, sigue siendo aún hoy el edificio civil más grande del centro histórico de Palma, con más de 15.000 m². Edificio sobrio y austero que ha sobrevivido con elegancia a los cambios y evoluciones de los diferentes usos que ha albergado.
La Misericordia está vinculada desde hace años al Consell de Mallorca, administración local que promueve la rehabilitación de sus edificios para darlos a conocer y devolver al ciudadano parte de esa deuda contraída durante años en que los edificios públicos eran cerrados, herméticos y vistos por la gente como opulentas construcciones fuera de su alcance.
Arquitectura civil convertida en arquitectura social. Edificios sin barreras arquitectónicas a la par que sin barreras sociales. Edificios que deben y piden interactuar con el ciudadano. Verse, mostrarse y ser disfrutados aun en el caso de que su uso sea restringido. La rehabilitación integral de estos edificios antiguos es una de las obligaciones principales de la Administración.
Casi 4.000 m² de espacios ocultos, constreñidos, oscuros, insalubres y mil veces divididos que quieren abrirse y contar infinidad de historias y secretos guardados hasta ahora
En este caso concreto afrontamos la segunda fase de la rehabilitación integral de la Misericordia. Casi 4.000 m² de espacios ocultos, constreñidos, oscuros, insalubres y mil veces divididos que quieren abrirse y contar infinidad de historias y secretos guardados hasta ahora. Secretos al fin liberados con el más sencillo de los gestos arquitectónicos, consistente en despojarse de lo inútil, desechar lo artificioso y demoler lo impostado. Menos es más, y en la rehabilitación arquitectónica, menos lo es todo.
Demolición de tabiques y paramentos divisorios, retirada de altillos y forjados protésicos que disminuyen alturas, desmontaje de artificios y burdas ornamentaciones que, mezcladas a lo largo del tiempo, han conseguido desvirtuar el estilo arquitectónico propio del edificio. Pero una vez reseteado y desnudo, el edificio vuelve a ser invadido por la luz natural. La luz se apodera del interior y solo resta implementar las estrategias necesarias para terminar de esculpir esos espacios reencontrados, hermosos, útiles y diáfanos que engrandecen el edificio original y nos facilitan el despliegue de las herramientas técnicas necesarias para que los nuevos usos sean posibles.
Queremos activar los sentidos del visitante y del usuario para que se lleve a casa una imagen del edificio en cuatro dimensiones, habiendo percibido una luz especial dentro de un espacio sobrio pero potente
Podemos hablar de eficiencia energética, de materiales km 0, de espacios multifuncionales y de instalaciones eficientes, pero de eso hablan ya todos los buenos proyectos. Preferimos hablar de reciclar pavimentos hidráulicos, reubicar antiguas cerchas de madera, restaurar bóvedas de piedra, redescubrir aljibes olvidados, y en el fondo, transmitir y percibir sensaciones y estados de ánimo. Queremos activar los sentidos del visitante y del usuario para que se lleve a casa una imagen del edificio en cuatro dimensiones, habiendo percibido una luz especial dentro de un espacio sobrio pero potente, en el que además haya podido escuchar el sonido del agua al caer en el interior de un aljibe redescubierto bajo uno de los patios del edificio.
Este aljibe en desuso y completamente desconocido se vuelve accesible y se muestra intacto en todo su esplendor, únicamente potenciado por una iluminación tenue y sutil, indispensable para recorrer el espacio con la mirada y admirar el profundo reflejo de su arquitectura en el agua. Se excava un túnel de 14 metros de longitud, bajo el actual edificio, para redescubrir un espacio de planta cuadrada de 16 x 16 m y siete metros de altura (casi 1.600 m³). En esta instalación hidráulica centenaria se ocultan cuatro pilastras que soportan nueve bóvedas de arista. Construida en su totalidad con una piedra calcarenita local llamada ‘marès’, se percibe sobre una pasarela que transita respetuosa sobre una lámina de agua. Y desde allí se observan los mil reflejos posibles y la simetría que se construye en la confluencia de dos medios distintos, aire y agua. Mención especial al increíble revestimiento natural de los muros perimetrales y de las pilastras, que no es más que una exudación de carbonato cálcico aparecida con el paso del tiempo, formando pequeñas bolas irregulares cuya sombra proyectada, gracias a la iluminación rasante, se convierte en un espectáculo por sí mismo.
En esta respetuosa intervención la técnica ha ido de la mano de la tradición y del artesano. Desde el herrero al carpintero, cantero o cerrajero, todos han dejado su huella
Se han rehabilitado treinta y cuatro bóvedas existentes, degradadas e incluso mutiladas algunas. Pero también se han construido bóvedas nuevas: tres bóvedas de marès como se construían antiguamente. El cantero ha tallado las piedras una a una según un plano de despiece, las ha colocado sobre una cimbra de madera y las ha rejuntado con mortero de cal, rellenando posteriormente los riñones de las bóvedas y preparando el soporte horizontal sobre el trasdós también con mortero de cal para recibir el nuevo pavimento técnico.
En esta respetuosa intervención la técnica ha ido de la mano de la tradición y del artesano. Desde el herrero al carpintero, cantero o cerrajero, pasando por el maestro de obra o el ebanista, todos han dejado su huella y han compartido su sabiduría con el equipo técnico. Y este, a su vez, intenta proyectar ahora sobre la ciudadanía este hermoso resultado final… y es que, como bien dice Lucky, compartir es vivir.











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Una obra maestra! Una preciosidad que todos agradecemos su restauración y conservación.
Restauración esmerada y conservadora mejorando y dando luz a todos sus tesoros, el Aljibe, las bovedas, recuperacion de materiales … y perfecta actualitzación para el uso actual.
Enhorabuena a los mejores arquitectos y artesanos!