“Yo no voy a cambiar eso, eso es fútbol, señor”, dijo el argentino Martín Demichelis, de 45 años, cuando se enfrentó a su primera conferencia de prensa antes de su primer partido, mañana (14.00 horas), en El Sadar, ante Osasuna, cuando El Periódico le preguntó, después de que llevase casi media hora elogiando la predisposición de sus jugadores de cara a su debut en Pamplona, si no era demasiado injusto que el trabajo de un entrenador y todo su cuerpo técnico quede, al final, en manos de los futbolistas. “Ellos lo son todo en el fútbol y, por tanto, sí, en efecto, son ellos los que deciden si el trabajo que hicimos todos fue bueno o no. Pero yo no voy a cambiar eso”.
Demichelis, que ya había hablado algo el domingo, el día de su presentación como nuevo técnico rojillo en sustitución del bueno de Jagoba Arrasate, ofreció una excelente impresión en la coqueta sala de prensa de la Ciudad Deportiva Antonio Asensio, en Son Bibiloni, a las afueras, pero muy, muy cerquita de Palma.
Es cierto que, al final, todo depende de los futbolistas, pero hay un montón de cosas que dependen del técnico. Que el equipo sepa a lo que juega es cosa mía; que el equipo reaccione como yo quiero cuando perdamos el balón es cosa mía; que el grupo esté ordenado y quiera salir siempre a ganar es cosa mía; que defiendan todos, no solo los defensas, es cosa mía… luego ya veremos qué ocurre, es fútbol.
Martín Demichelis, entrenador del RCD Mallorca
Cuando El Periódico le preguntó también si era partidario de jugar bonito como camino para conseguir los puntos o si se había planteado una manera de jugar menos vistosa pero mucho más resultadista, dada la delicada situación de su nuevo equipo, en posición de descenso, a falta de 12 jornadas, Demichelis, dentro —insisto— de su tremenda sinceridad en su primera aparición auténtica ante la prensa, fue tremendamente sincero y, por supuesto, realista: “Yo no vine acá a agradar, vine a sumar puntos, a lograr la salvación. A eso vine y para eso me contrataron”.
Y, en esa línea, Demichelis, que no cesó de elogiar la buena predisposición de sus futbolistas, insistió en que “o estamos juntos, o formamos una familia, incluidos nuestros hinchas, o somos todos conscientes de lo que nos jugamos en cada partido, o no saldremos adelante. Empieza un torneo de 12 jornadas, hay en juego 36 puntos y, señores, debemos sumar los suficientes para salvarnos”.
No tiene, al parecer, demasiadas ganas de hablar de con qué sistema de juego o alineación afrontará cada uno de los partidos. Demichelis, por lo que se ha visto hoy, tiene más ganas de llegar al alma de los futbolistas que de armar algo nuevo, algo distinto. “Yo no voy a inventar nada en cinco días. Acá estaban jugando un 4-3-3, que ya me gusta. OK, está bien, ya veremos. Pero lo que quiero es un equipo con alma”.
Dentro de la lluvia de elogios a sus jugadores —“les dije que me preguntasen lo que quisieran, que me buscasen cuando quisieran, pues cuanto más nos conozcamos, mejor les podré ayudar”— sí consideró que, aunque el resultado esté siempre en manos de los futbolistas, “hay cosas, bastantes cosas, que dependen de nosotros, de los entrenadores y, en esas cosas, es donde no pienso ser blando”.
Y, entonces, dijo con contundencia: “Que el equipo sepa a lo que juega es cosa mía; que el equipo, el grupo, en el cambio, reaccione como yo quiero en cuanto perdamos el balón es cosa mía; que el grupo sea ordenado y quiera salir siempre a ganar es cosa mía; que defiendan todos, todos, no solo los defensas y no solo cerca del área, es cosa mía… luego, pues eso, luego la pelota dará en el palo y saldrá fuera, dará en el palo y entrará, qué sé yo… es fútbol, señores”.
Demichelis quiere un equipo, una plantilla, un grupo que se entregue a la causa. “Ellos son perfectamente conscientes de lo que nos jugamos y de la situación tan, tan delicada en la que se encuentra la institución. ¡Claro que lo son! Por eso vamos a poner todo el empeño en salir de esta, en alejarnos del descenso. Yo no voy a enseñarles cuándo y cómo deben pasar el balón. Esas cosas no se enseñan. Ellos deben tener libertad de improvisar, ellos son los que juegan”.
Y, por descontado, respecto a la actitud, a cómo jugará su equipo, Demichelis considera que jamás gana la estrategia o el planteamiento. “Mire, si no hay corazón, si no hay coraje, si no hay alma, si no hay piernas, no importa el sistema, para nada. Por eso quiero un equipo que salga a pelear, a combatir”.
Eso sí, dentro de esa idea, de esa actitud, de esa dedicación, de la preparación y del planteamiento, Demichelis quiere, por encima de todo, “un equipo, un grupo de futbolistas que, dentro de esa disciplina y de la máxima responsabilidad de cada uno de ellos, sean alegres, que crean en lo que hacen y, sí, por qué no decirlo, que se diviertan, que inventen, que improvisen”.
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