He perdido tantas veces, tantas, que ya me da igual. La última, por ejemplo, el 15 de marzo. Pero, que lo sepan, fui el único de mi entorno, de mi familia, de mis colegas, que tenía una fe ciega, no en el milagro, no, sino en el Barça, defendiendo que sí se podía. Y, como fui el único y no tengo redes y me importa un absoluto comino lo que se opine en las redes de forma anónima e, incluso, que me insulten, soy de los pocos que pueden hacer el relato que leerán a continuación. Y, de verdad, en serio, esta vez me importa muy poco que estén de acuerdo conmigo. Es mi relato. No mi defensa. Mi reflexión.
Decía Hansi Flick que no hacía falta un milagro para eliminar al Atlético. Cierto, no hacía falta un milagro, hacía falta jugar con cabeza, plantear la eliminatoria con sensatez y, sobre todo, saber a lo que se jugaba, cómo se jugaba, contra quién se jugaba y cuándo se jugaba.
No hacía falta un milagro, hacía falta jugar con cabeza
El Atlético, que contrariamente al poderoso Barça, decidió hace muchos meses tirar LaLiga (a falta de siete jornadas está a la vergonzosa desventaja de 22 puntos con respecto al líder, el Barça), ha sabido jugar esta eliminatoria (y la copera) como no la ha sabido jugar el Barça. Perdón, el ‘Cholo’ Simeone le ha ganado la partida al intocable Hansi Flick, a punto de renovar por los años que quiera.
Al Barça no le han eliminado ni en semifinales, ni en la final, el PSG, el Bayern de Múnich, el Arsenal, el Real Madrid, el Manchester City, no, no, le ha eliminado en la Champions, de nuevo (y ya van cuatro veces), el Atlético de Madrid. Y le ha eliminado practicando el mismo fútbol en la vuelta que en la ida. Y consiguiendo expulsar a sus centrales, las dos veces, de la misma manera, en la misma jugada y con la misma ventaja.
No sé si Flick repasa los vídeos o sigue pensando, como pensaba otro ‘santo’ azulgrana intocable, Johan Cruyff, que el Barça ha de dar espectáculo, jugar bonito, ganar por 2-5 en el Metropolitano y seguir siendo el santo y seña del fútbol más lindo. Ocurrió el pasado año en Milán, adiós a la Champions. Sucedió en el Metropolitano en la Copa, adiós al torneo del KO. Y ocurrió, anoche, en campo del Atlético, adiós a la ‘orejona’.
El Barça, que salió elogiado, a hombros de todos los culés que piensan que “hay que jugar lindo, al ataque, con espectáculo porque, jugando así, ganaremos más que perderemos”, ha vuelto a quedarse sin Champions
El Barça, que salió elogiado, a hombros de todos los culés que piensan que “hay que jugar lindo, al ataque, con espectáculo porque, jugando así, ganaremos más que perderemos”, ha vuelto a quedarse sin Champions, la competición que más valora Flick, el título que necesita Joan Laporta, que no dio la cara, para pagar las tremendas deudas que tiene el Barça y el cetro que prometieron Lamine Yamal & Cía. cuando, en julio, se pusieron la nueva camiseta y dijeron que era “la vestimenta de la Champions”.
Pues no, no habrá Champions. ¿Por qué? Pues porque, de nuevo, los que dirigen este vestuario, los que manejan esta plantilla, los que disfrutan de la mejor generación de jóvenes de la última década, decidieron, cuando habían ya empatado la eliminatoria (0-2, en el minuto 24), seguir jugando con la defensa en el centro del campo y, sobre todo, atacar, atacar, atacar.
Quedaban 75 minutos para meter el tercero y el Barça de Flick, sí, sí, de Flick, seguía atacando a la desesperada y presionando a tope. Igual, sí, sí, recuerden, que sucedió en Milán el pasado año. Igual que ocurrió en el partido de vuelta de la semifinal de Copa, cuando el Barça se puso 3-0 a falta de 23 minutos para el final y solo le faltaba un gol para empatar la eliminatoria en el Spotify Camp Nou.
Me gustaría saber si Flick y su estupendo ‘staff’ han aprendido algo de estas eliminatorias. Es posible que faltaran a clase cuando enseñaron, no ya a conservar un resultado, no, sino, simplemente, a administrar una diferencia
No le pega al Barça eso de “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, pero me gustaría saber si Flick y su estupendo ‘staff’ han aprendido algo de estas eliminatorias. Es posible que faltaran a clase cuando enseñaron, no ya a conservar un resultado, no, sino, simplemente, a administrar una diferencia, a saber cuándo hay que jugar a 220 kms/h y cuándo hay que detener el brío, la pasión, el coraje, las pulsaciones, cuándo apretar y cuándo contemporizar. Sé que millones de culés están más que orgullosos de cómo juega y se arriesga su equipo. Estupendo, les felicito.
“Espectáculo, nosotros somos el espectáculo”, me decía anoche uno de los primeros 10.000 socios del Barça. Estupendo, pues el espectáculo ganará, de nuevo, LaLiga, pero pasa, sin pena ni gloria, por la Champions. Y, sí, lo quieran o no, sea cuestión de la tele, del himno o de los competidores, en los tiempos que corren esto se mide por Champions. Y, sé que no les gusta, pero… el Barça de Flick y Rafa Yuste no está entre los cuatro mejores de Europa y veremos si podrá estarlo en el futuro.
Este Barça, que anoche jugó con el equipo más joven que jamás ha jugado un partido de Champions, con 24 años y 347 días de media, ¡eso sí tiene mérito!, debería defender la idea que defendía el ‘Profeta del Gol’: el dinero en el campo y no en palancas, y no en manos de Goldman Sachs y JPMorgan, y no en un majestuoso estadio inacabado.
¿Cuál era la fórmula de Cruyff? Jugadores de La Masia y los tres mejores extranjeros del mundo como complemento. Y, sí, el Barça defendía esa fórmula. Pues que lo sepan, el Barça de Rafa Yuste sigue sin poder fichar, ni siquiera puede inscribir futbolistas. Y entramos en el verano más caro, gracias al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, de la historia.
No es verdad, ni de largo, que el Barça acabará la temporada habiendo peleado por todos los títulos hasta el último suspiro. No es verdad. El Barça acabará la temporada ganando la LaLiga más devaluada de las últimas décadas
No es verdad, ni de largo, que el Barça acabará la temporada habiendo peleado por todos los títulos hasta el último suspiro. No es verdad. El Barça acabará la temporada ganando la LaLiga más devaluada de las últimas décadas, donde el Real Madrid, a siete jornadas del final, está ya mirándola por la tele y el Atlético vive a 22 puntos del conjunto azulgrana. ¿Tiene mérito? Mucho mérito, sí. Pero no fue eso lo que nos prometieron Laporta/Yuste, Flick y Lamine Yamal. Lo siento. Y ellos lo saben.
Hoy, mañana o pasado, hoy, fijo, oirán ustedes decir al presidente Joan Laporta, algo parecido a lo que dijo, anoche, en una tele brasileña Raphinha: “Nos han robado”. Lo dirá. Necesita decirlo. Y hablará del penalti de Pubill (no señalado) en el Camp Nou; del penalti de anoche a Olmo (no señalado) en el Metropolitano y de muchas más injusticias. Contra todos y contra todo. O igual, como ahora somos amiguitos de la UEFA, hasta se muerde la lengua.
Pero lo cierto es que Flick volvió a despilfarrar un momento histórico, con 0-2, a falta de más de medio partido. Y se equivocó en el planteamiento, en la estrategia y volvió a ser presa del zorro Simeone. Y hasta se equivocó en los cambios, cuando metió en el campo a dos sosos como Lewandowski y Rashford, cuando el partido, el momento, seguía exigiendo la pasión y el vigor de Fermín y Ferrán.
Sé que no están de acuerdo conmigo. Sé que solo aquí leerán estas cosas. Pero sepan, también, que esta generación, es decir, Lamine Yamal & Cía., acabará ganando algún día la Champions, el problema es que Yuste, perdón, Laporta, no tiene dinero para fichar a los jugadores que completen, que acompañen, a esta generación prodigiosa que, sin querer los culés (o hasta molestándoles, miren lo que les digo), pueden ganar el Mundial dentro de unos meses.
Y es muy probable que si Luis de la Fuente se pone en semifinales, ante Alemania, 0-2, en el minuto 24, no meta la defensa en el centro del campo o siga gritando “¡al ataque!” a falta de 66 minutos para meterse en la final de la Copa del Mundo.
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