Hay partidos que valen tres puntos y hay otros que valen una temporada. El de este fin de semana en Son Moix pertenece claramente al segundo grupo. El Mallorca recibe al Villarreal en medio de una jornada 35 que ha dejado más nervios que certezas y con una sensación cada vez más evidente: el margen de error se ha terminado.
Porque sí, es verdad que todavía quedarían tres jornadas después de este encuentro. También es cierto que una derrota no mandaría automáticamente al equipo bermellón a la hoguera hagan lo que hagan sus rivales. Pero cualquiera que mire el calendario con un mínimo de honestidad entiende perfectamente que perder en el Coliseo balear ante el Villarreal sería encender definitivamente la mecha de un incendio que ya amenaza con descontrolarse. Visitar después a Getafe y Levante, para acabar recibiendo al Oviedo, no parece precisamente el escenario ideal para jugarse la vida.
35La situación se ha tensado todavía más tras los resultados de la jornada. La polémica victoria del Levante ante Osasuna (3-2), el triunfo del Sevilla frente al Espanyol (2-1) y el empate entre Elche y Alavés (1-1) aprietan una clasificación donde cada punto empieza a pesar toneladas. Y en este contexto el mensaje es bastante claro: el Mallorca necesita ganar. No para celebrar nada todavía, pero sí para colocar la permanencia a una distancia mucho más manejable.
Un rival sin urgencias… y eso nunca es una garantía
Enfrente estará un Villarreal acomodado en la tercera plaza, con los deberes prácticamente hechos y con un ambiente inevitablemente extraño alrededor de la despedida de Marcelino. El técnico ya ha confirmado que no seguirá y eso siempre genera una atmósfera difícil de interpretar. Hay equipos que se dejan ir y otros que juegan liberados. Precisamente por eso pensar que el partido será sencillo sería un error enorme.
Por cierto, llama la atención que nadie esté hablando de la posibilidad de que Marcelino termine en el Atlético de Madrid. Sí, ya sabemos que Diego Simeone ha confirmado su continuidad, pero el fútbol cambia a una velocidad absurda y hay perfiles que encajan demasiado bien como para ignorarlos completamente. Ahí queda.
Mientras tanto, el resto de la jornada sigue dejando cuentas y calculadoras encima de la mesa. El Oviedo todavía apura sus últimas opciones ante un Getafe ya salvado y el Valencia sigue intentando escapar definitivamente del lío frente a un Athletic de Bilbao que juega sin presión. Y el lunes aparecerá otro partido marcado en rojo para los intereses mallorquinistas: ese Rayo Vallecano – Girona que en Palma se mirará casi como si fuera propio.
Porque al Mallorca le interesa claramente que el Rayo Vallecano cierre cuanto antes la permanencia y meta al Girona en la pelea. A estas alturas no se trata de que todos se metan en el agujero, ni de preferencias futbolísticas. Se trata de desterrar a los elegidos para el descenso, de supervivencia pura y dura.
¿El día de Muriqi?
Por cierto, hoy puede ser el día de Muriqi. Y es que desde que el pirata se erigió en emperador, ha desaparecido de las batallas. No ha vuelto a dar una sola alegría al mallorquinismo. Dicen que el elogio debilita y no está mal aplicado el refrán en este caso. Pero hoy Muriqi tiene la oportunidad de ejercer su reinado y lograr algo mucho más importante que otro récord personal: la permanencia del equipo.
La cuenta más importante
Más allá de todas las combinaciones posibles hay una idea que parece básica dentro del entorno bermellón: llegar a la penúltima jornada con cuatro puntos de ventaja sobre el Levante. Ese parece el número mágico. La frontera psicológica que permitiría afrontar el final con cierta tranquilidad. Y para conseguirlo hay un paso previo imprescindible: ganar al Villarreal.
Hoy me viene a la memoria aquella derrota del Mallorca ante el Villarreal por 0-1 en la penúltima jornada de la temporada 1992/93, cuando al equipo isleño se le escapó el ascenso directo en el desaparecido Lluís Sitjar pese a tenerlo todo a favor. Aquella derrota acabó provocando la destitución de Lorenzo Serra Ferrer por parte del entonces presidente Miguel Dalmau, que apostó después por otro mallorquín, el sineuer Jaume Bauzá, para ocupar el banquillo.
Esperemos no tener que revivir un resultado similar. Porque el Villarreal siempre aparece cuando más duele. Y esta vez el Mallorca necesita cambiar la historia.
Un empate sabría a muy poco viendo lo que queda por delante. Y una derrota dejaría al equipo caminando sobre el alambre justo cuando ya no hay red debajo.
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