No habrá tarta. Ni globos. Ni brindis. El capítulo 18 de Tres en la Prórroga alcanza la mayoría de edad con la alerta roja encendida y, a su vez, vestido de negro. En el peor momento posible para el mallorquinismo.
Dieciocho capítulos después ya no queda espacio para el optimismo impostado ni para las frases vacías de rueda de prensa. Llega la semana decisiva. El partido decisivo. El día en el que el Mallorca se juega seguir respirando en Primera o precipitarse definitivamente hacia Segunda.
Aunque la situación ya es tan límite que ni siquiera depende de sí mismo. El equipo debe ganar al Oviedo… y esperar otros tres resultados favorables. El mallorquinismo ha pasado a estudiar combinaciones de supervivencia como quien rellena una quiniela apocalíptica.
En la mesa, Alejandro Vidal, Emilio Pérez de Rozas y Ricard Cabot ya no hablan sólo de fútbol. Se habla de fe, de superstición y casi de fenómenos paranormales: “Estoy estudiando los rituales de los indios… esto puede funcionar”, dice Alejandro.
“Tengo una figurita con alfileres”, añade ante una forzada carcajada generalizada, porque en esta situación más vale reír que llorar y mientras uno se pueda agarrar a lo que sea, así será. De hecho, es lo último que queda. Y es que la sensación es que cualquier amuleto tiene ahora mismo más capacidad defensiva que el sistema del Mallorca en los últimos meses.
Ricard, periodista y socio, entra directo al corazón del drama: “El sábado vamos a asistir a un funeral”. El partido con menos audiencia de la Liga… y posiblemente el más angustioso para una isla entera pendiente del transistor moderno: el móvil, las aplicaciones de resultados y la actualización compulsiva cada treinta segundos.
Aun así, Alejandro, que lleva toda la temporada vaticinando el desastre, sigue agarrándose a una última rendija imposible: “Rezo cada noche para que el sábado se conjuren los astros. Si hay milagros, éste puede ser uno de ellos”. Porque a estas alturas ya no se trata de jugar bien o mal. Se trata de que el universo decida conceder una última prórroga. Porque incluso salvándose, el diagnóstico parece claro para todos: “El problema seguirá siendo el mismo. Pero mejor tenerlo en Primera que en Segunda”.
Los tres tertulianos tiran de experiencia para analizar el pasado, y es que el fútbol casi siempre deja señales antes de presentar la factura definitiva. Y todos coinciden en lo mismo: 38 jornadas ponen a cada uno en su sitio.
El problema para el Mallorca es que el sábado por la noche ya no habrá más margen para discursos, excusas ni cálculos imposibles. Llegará el futuro. En Segunda… o en Segunda, porque las opciones reales de seguir en Primera pasan ya por un milagro con varias estaciones intermedias y el universo alineándose como pocas veces se recuerda.
Y mientras Emilio estudia rituales imposibles, Alejandro se abraza a los astros y Ricard prepara emocionalmente el funeral futbolístico, Tres en la Prórroga alcanza su capítulo 18 en mitad de una angustia colectiva que mezcla resignación, ironía y una pequeña chispa de esperanza que se niega a morir del todo. “Os invito a rezar”, sentencia Alejandro. Porque quizá la semana que viene toque llorar. O quizá, solo quizá, el fútbol vuelva a demostrar que también sabe escribir milagros.
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