Fue en agosto de 1995, sí, hace muchos años, demasiados. El ruido, el escándalo, la protesta, fue tal, tan grande, tremenda, que forzaron el cambio de las reglas del juego. Del fútbol. Sí, sí, del fútbol. No es que fuera algo increíble (y menos en aquellos tiempos), pero sí resultó muy, muy significativo y demostrativo, ya entonces, de la fuerza que atesoran (cuando quieren, cuando se lo proponen, cuando se movilizan) los aficionados, seguidores, socios y abonados del fútbol.
Siempre se ha dicho, ¿verdad?, que las cosas, tanto en equipos grandes, como el FC Barcelona y el Real Madrid, también en los pequeños, ocurren, se provocan, suceden cuando aparecen los pañuelos en sus estadios, cuando se corea el grito de “¡Barça, sí; Laporta, no!” o “¡Florentino, dimisión!”. Es entonces, y no antes, cuando se producen los cambios. Cuando los poderosos se inquietan.
Pues bien, en aquella ocasión, puede que muchos de ustedes, mayores como yo, lo recuerden, el Sevilla FC y el Celta de Vigo no pudieron cumplir con la presentación del aval del 5% de sus presupuestos que exigía LaLiga y fueron descendidos (“descenso administrativo”, se llamó) a Segunda División B. Dicho, hecho, y miles y miles de celtinyas y sevillistas se lanzaron a la calle. Y mandaron parar. Políticos y dirigentes se asustaron tanto, tanto, que permitieron una Liga de 22 equipos, en lugar de 20, durante las dos siguientes temporadas (1995-96 y 1996-97).
A los aficionados, socios, seguidores y abonados del Sevilla FC les han tomado tanto el pelo (¿hablamos de los socios que han sido defraudados y engañados por dueños, presidentes, directores generales, gerentes y directivos? ¿Es necesario? ¿Pintan algo?) que, ayer, decidieron salir a la calle. Ellos dicen que fueron 40.000. Pongamos que algo menos, pero la manifestación desde el estadio Sánchez-Pizjuán hasta la Puerta de Jerez fue impresionante.
El lema fue “SOS Sevilla FC”, pero la auténtica pancarta, el verdadero clamor, la protesta, el eslogan de verdad, era algo tan precioso y lamentable, tan bonito y deplorable a la vez como “NUESTRA PASIÓN, VUESTRO NEGOCIO”. Y, miren, en tiempos del Mundial más crematístico de todos, a 500 dólares la entrada, se me antoja un lema precioso y dolorosamente auténtico.
Los aficionados se han lanzado a la calle para denunciar que José María del Nido y hasta Sergio Ramos, todos, están jugando con el club y dañando sus sentimientos e ilusión. Eso no tiene precio, aunque a ellos, los poderosos, los dueños, los riquitos que quieren ser dueños, les sea absolutamente indiferente. Pero, de momento, ya tienen 40.000 aficionados en la calle. “Y esto solo acaba de empezar”, proclaman los líderes de Accionistas Unidos y la Federación de Peñas Sevillistas.
Hace más de 30 años, esos miles o, quién sabe, igual sus padres y abuelos mantuvieron a su equipo, a su club, a su ilusión y pasión en Primera División. No digo que la ley no tuviese razón: debían descender, sí. Digo que tanto los dirigentes de aquella época como los de ahora mostraron su incapacidad para gestionar los amores de celtiñas y sevillistas. Pues eso, “NUESTRA PASIÓN, VUESTRO NEGOCIO”.
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