Hay cosas que jamás se olvidan. Las botas son indispensables en el uniforme del recluta. Y que sean de tu número es básico, innegociable. Pues bien. Hubo quien, en enero de 1977, llegó al CIR-14 ya con el petate lleno (se lo habían llenado en su ciudad/pueblo de origen).
En cambio, otros llegamos vestidos de paisanos y sin ‘nada de nada’ de corte militar. Así que, en fila india, fuimos pasando por delante del veterano de turno que nos iba repartiendo camisas, gorras, cinturón, chapas, guantes para la jura, ropa interior, wambas y… ¡botas Segarra! Mi caso fue memorable.
Tras pedirme qué número calzaba de botas… ¡El tipo me dio un par dos números menos de los que le había dicho! ¡El muy c…! Le protesté, claro, pero su solución fue: “Vuelve mañana y quizá, si traes tabaco rubio, las podamos cambiar…” Impuesto revolucionario le llamaban…
La única vez en mi vida que compré un cartón de tabaco… ¡Por mis pies! Salud.

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