Las historias que serpentean por el Galatzó se centran en la figura del Comte Mal. Se trata de Ramón Burgues-Zaforteza Pacs Fuster de Villalonga i Net, segundo conde de Santa María de Formiguera y señor de las antiguas caballerías de Hero, Santa Margalida, Alcudiola, María. Puigblanc, Castellet y Tanca, y de la alquería del Galatzó. Nació el 15 de agosto de 1627 y falleció el 26 de octubre de 1964.
Las semblanzas del personaje que nos ocupa con otra figura mitificada, el Comte Arnau de Mataplana, en Cataluña, así como los paralelismos en la vida y actos de ambos, con el sometimiento a las villas y habitantes de sus dominios y sus privilegios feudales, avalan la idea de una puesta en escena idealizada y mistificada de ambos personajes. Sin embargo, y mucho más allá de la idealización del personaje a partir de la figura histórica, lo cierto es que el Comte Mal y sus andanzas nos permiten descubrir un Galatzó de leyendas y misterios.
En las casas del Galatzó descubrimos rincones asociados a la leyenda de esta figura mitificada. En la pared posterior de los establos se aprecia una piedra incrustada en el muro con forma de corazón. Según reza la leyenda se trata del corazón del Comte Mal. Cuentan que una vez fallecido, su corazón, en forma de piedra, apareció misteriosamente en las casas de la posesión. Tras su defunción circularon todo tipo de historias sobre apariciones, entre ellas, una supuesta narración de la condesa afirmando que después de muerto su marido la había visitado. También cuentan que el conde cabalgaba con su caballo por el Galatzó y que, en una de sus muchas incursiones espectrales el caballo resbaló; en la fachada de la casa, en la zona cercana a la capilla, se aprecian las improntas de las pezuñas del caballo, fruto del accidente.
Relatan las leyendas que, en las frías noches de invierno, cuando solo se perciben los sonidos del viento y el susurro de los animales, el espíritu del Comte Mal cabalga por las montañas de la posesión. Fruto de todas estas historias, los dueños del Galatzó tenían muchos problemas a la hora de contratar jornaleros que, asustados por las apariciones del conde, renunciaban a trabajar en la finca.
Por los pueblos de Es Capdellá, Puigpunyent y Galatzó circula otra leyenda. Los propietarios de las fincas del Galatzó (Calviá), Son Net (Puigpunyent) y Son Fortuny (Estellencs), hace muchos años, se reunían alrededor de una mesa redonda en la cima del Puig del Galatzó. Todos sentados a la mesa sin necesidad de abandonar sus dominios.
Fuentes:
Ibáñez, José María. La vuelta a Mallorca en 80 rutas. Anima Ignis Ediciones. 2021.
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