Cuando terminó la comparecencia, toda la sala de prensa se puso en pie y le dedicó un aplauso cerrado y unánime. No solo los periodistas: también toda la plantilla quiso estar presente, arropando a su entrenador en la primera fila y sumándose a la ovación final. Jagoba Arrasate respiró hondo, agradeció el gesto y mantuvo el tipo hasta el final. La emoción no pudo con él. Había sido su última rueda de prensa como técnico del RCD Mallorca, pero el tono no fue de reproche ni de ajuste de cuentas, sino de reflexión serena.
No señaló a nadie, no buscó excusas y tampoco disparó contra el club. Asumió su responsabilidad con naturalidad y dejó claro que, más allá de la destitución, lo importante era el momento deportivo del equipo. “El equipo necesitaba una reacción y esa es la razón que me han dado”, explicó, aceptando la decisión sin dramatismos.
He conocido a gente maravillosa de la dirección deportiva, trabajadores, jugadores, afición y quería darles las gracias, también a todos los mallorquines que me han acogido y me han hecho la vida más fácil
El técnico relató cómo se produjo todo: “Por la mañana hablamos y por el día entrenamos. A la hora de cenar me llama Pablo. Me comunicó la decisión”. Una conversación directa, sin rodeos. “Cuando nos fichan no preguntamos el motivo, y cuando nos despiden pues igual”, añadió, en una frase que resumió su filosofía profesional.
Un proyecto que se torció
Más que la destitución en sí, el eje de su discurso fue la evolución de un proyecto que no alcanzó las expectativas generadas. “Era un proyecto potente. Veníamos a ser un equipo potente. Empezamos construyendo algo pero hemos acabado sobreviviendo”, afirmó. La frase quedó flotando en el ambiente como la síntesis de su etapa.
Vinimos a construir algo y hemos acabado sobreviviendo
“Cuando firmé, pensaba que el proyecto iba a ser de otra manera”, confesó también, dejando entrever que las circunstancias no fueron las previstas inicialmente.
Arrasate insistió en que no tiene una única explicación: “No tengo la respuesta de por qué no ha ido bien. Con la perspectiva quizá tenga una respuesta”. Admitió que la decisión fue “un poco inesperada”, aunque matizó: “Entiendo que el equipo estaba en descenso”. Incluso pensaba que el próximo fin de semana ante la Real Sociedad: “Tenía fe en salir del descenso pronto”.
Autocrítica y aprendizaje
El técnico fue especialmente exigente consigo mismo. “No estoy contento del trabajo, esperaba más de mí en este proyecto. Hay que saber por qué”, reconoció. Lejos de escudarse en factores externos, reiteró: “Tengo que mirarme a mí mismo”. Y añadió una reflexión más personal: “He sufrido muchísimo este año y eso es un aprendizaje”.
Esperaba más de mí en este proyecto y la plantilla tiene más de lo que le hemos sacado hasta el momento
En su análisis, recordó que el inicio fue prometedor. “Todo salió muy bien al principio, pero la segunda vuelta del primer año no fue buena”. También evocó el estreno liguero: “El día del primer partido ante el Real Madrid fue un buen partido”. Era un comienzo ilusionante. Sin embargo, la dinámica cambió con el tiempo, en el final de la pasada Liga y en la presente temporada.
Sobre la presente temporada, señaló un arranque complicado: “El inicio no fue bueno por un calendario muy exigente. Hemos sido vulnerables a nivel defensivo. Encajamos goles con facilidad”. Aun así, defendió el potencial del grupo: “La plantilla tiene más de lo que le hemos sacado hasta el momento. Esta plantilla es capaz de mantener la categoría”.
Pena y liberación
Arrasate dejó claro que el vestuario siempre contó con su compromiso: “Empeño, trabajo y sacrificio no han faltado”. Subrayó que “todos los vestuarios son diferentes” y que cada uno tiene “su identidad”, algo que exige adaptación constante. “Igual necesitaba algo así para conocer otro vestuario”, deslizó.
El equipo necesitaba una reacción pero la estabilidad pasa por los resultados y también por mantener entrenadores
También pidió unidad en este momento delicado: “Lo importante es que apoyemos a los jugadores. Ahora hay que apoyar al entrenador que venga”. En esa línea, defendió la estabilidad como base del crecimiento: “La estabilidad pasa por resultados y por mantener entrenadores, pero entiendo por qué han tomado la decisión”. Confirmó, además, que “no he hablado con Andy Kohlberg”.
En el plano más íntimo, reconoció sentimientos encontrados. “Me da mucha pena irme. Los entrenadores somos cabezones y queremos sacarlo”, expresó. Y, casi en la misma frase, admitió: “¿Liberación? También es una liberación. Igual necesitaba este paso. Seguro que me vendrá bien para el futuro”. Cerró con una sentencia que resumió su estado de ánimo: “A veces la vida no te da lo que quieres, pero sí te da lo que necesitas”.
Si me decís que soy una buena persona, para mí eso es el mayor halago
Antes de levantarse de la mesa y recibir el abrazo colectivo del vestuario, dejó una última reflexión personal que fue más allá del fútbol: “Si me voy de aquí y me decís que soy una buena persona, pues para mí eso es el mayor halago”. Una frase sencilla que terminó de dibujar el tono humano de una despedida marcada por su integridad.
Más allá de sus palabras, queda la sensación de que siempre fue honesto en el diagnóstico y coherente en el mensaje, incluso cuando los resultados no acompañaron. El RCD Mallorca prescinde de una pieza que, con aciertos y errores, asumió responsabilidades y nunca eludió su responsabilidad. Sin embargo, la destitución no borra las carencias estructurales ni resuelve por sí sola las dificultades deportivas. El club mueve ficha en el banquillo, pero el verdadero problema sigue estando en casa.
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