Se trataba de un espacio que, sin duda, transitaba entre el bien y el mal; siempre rodeado por un extraño y maloliente vaho un tanto espectral. En aquel callejón olvidado, sin nombre aparente, entre librerías cerradas, relojerías vacías, artesanos desaparecidos misteriosamente y joyerías salpicadas de sangre inocente, había una puerta de madera maciza con una aldaba fabricada con cuerno de unicornio. Nunca estaba abierta, nunca del todo cerrada. Aquellos que cruzaban la puerta con los ojos cerrados y sin mirar atrás, entraban en el “Gabinete entre Niebla y Sombras”, un lugar que vibraba entre distintas realidades, sostenido por hilos dorados de recuerdos olvidados.
El gabinete no era un museo, ni un archivo, ni una biblioteca. Era lo más parecido a una sepultura de memorias, de objetos perdidos que se negaban a ser encontrados, cada uno con su propia historia suspendida. Estanterías flotantes exhibían frascos llenos de suspiros atrapados, relojes que señalaban la hora de la muerte de sus antiguos propietarios y espejos que no reflejaban rostros, sino decisiones no tomadas. Sobre un pedestal de madera calcinada reposaba un violín que no sonaba, a menos que el visitante que lo contemplara se sintiera solo y arrepentido de sus pecados. En el interior de una vitrina de cristal cubierta de escarcha, se conservaba una mariposa negra cuyas alas cambiaban de color, según el miedo que reflejaba en su mirada el posible comprador.
Quien custodiaba tan extraño gabinete no tenía nombre. Lo llamaban “el inquieto”, y era el encargado de elegir que objetos debían mostrarse, según el grado de tristeza reflejada en los ojos del interesado. No caminaba, flotaba recorriendo los pasillos. Sus ojos eran como dos relojes de bolsillo abiertos. So voz, sonaba como el crujir de arcanos manuscritos infernales. Se rumoreaba que solo hablaba si el visitante traía consigo un objeto maligno digno de ser adquirido por el gabinete.
Eran muchos los que entraban en el gabinete por curiosidad; muy pocos salían como antes de entrar. Uno había dejado un anillo que cada noche balbuceaba el nombre de un amor perdido. Otro, una carta que se reescribía sola cada aniversario de una traición. Al salir del gabinete, los visitantes sentían en todo su cuerpo la extraña sensación de haber vivido algo muy íntimo, ajeno, eterno. No recordaban con claridad lo que habían visto, lo que habían sentido, pero sus sueños quedaron poblados de murmullos en lenguas antiguas e imágenes de escaleras que no conducían a ninguna parte.
Una de las veces, me contaron que, un niño entró en el gabinete con un cuervo muerto en sus manos. Lo depositó sobre el mostrador, y “el inquieto” lo envolvió en niebla. Cuando el niño salió del gabinete, llevaba consigo una jaula vacía. Desde entonces, en noches de lluvia, se escucha un canto gutural que proviene del interior del gabinete; una melodía que hace llorar a perros y gatos y adormece a los relojes colgados en las paredes.
El establecimiento, era lo más parecido a una sucursal imaginaria de aquellos gabinetes de curiosidades o maravillas, que surgieron en Europa durante el Renacimiento. Aunque aquellos gabinetes pertenecían a colecciones privadas de objetos raros y exóticos, en nuestro universo narrativo, el gabinete se convierte en un espacio vivo, embrujado y emocionalmente cargado, donde cada objeto guarda una historia que se lamenta desde el más allá.
Los gabinetes de curiosidades originales, me cuenta el buscador de historias olvidadas, no se catalogaban según criterios científicos modernos, sino que se organizaban de forma más simbólica, estética o temática. Citemos algunos ejemplos:
Por tipo de maravilla. Se agrupaban en categorías como naturalia (objetos naturales cómo fósiles, minerales, animales disecados), artificialia (artefactos creados por el ser humano, scientifica (instrumentos científicos), y mirabilia (objetos extraños o mágicos).
Por procedencia geográfica. Muchos objetos venían de los “nuevos mundos” descubiertos en los siglos XVI y XVII, y se organizaban según el lugar de origen.
Por rareza o exotismo. Lo más raro o desconcertante solía ocupar un lugar destacado, como cuernos de unicornio (en realidad, narvales), mandrágoras con forma humana o sangre de dragón.
Sin jerarquía fija. A menudo los objetos se yuxtaponían sin un orden claro, mezclando arte, ciencia y superstición.
En realidad, los gabinetes de curiosidades o maravillas, fueron, por así decirlo, los precursores de los modernos museos, pero con un enfoque mucho más personal, mágico, caótico.
Escritor e investigador de temas relacionados con los enigmas y misterios de la Historia. En la actualidad dirige y presenta el programa La Realidad Oculta en Radio Balear, colabora en esRadio971 con La Mano Negra, sección semanal dedicada a las crónicas negras, enigmas, misterios y curiosidades y dirige el blog de investigación La Realidad Oculta (balearoculta,blogspot.com).
Ha publicado los siguientes libros: El Delfín y la Estrella. Vida de Antonio Ribera (Tot Editorial. Barcelona. 1995), Enigmas y Misterios. 13 Lugares Malditos (Es Ediciones. Madrid. 2009), 13 Profecías Ocultas (Es Ediciones. Madrid. 2009), Los Correctores del Destino, el rumor no siempre está equivocado (La Niebla Ediciones. Mallorca. 2011), en colaboración con Vicenç Zanón, Templarios en Mallorca (Ediciones Dédalo. Barcelona. 2013), en colaboración con Juan Manuel Ruíz Fernández, y La vuelta a Mallorca en 80 rutas (Editorial Gâlata Books. Mallorca. 2017).








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