La muchacha no sabía con seguridad si aquel plano era auténtico. Lo había encontrado días antes olvidado en un cajón de la mesa del despacho de su tío, hermano menor de su padre, junto a una nota escrita con mano temblorosa. “El camino del cuervo no conduce al cementerio, no conduce a ninguna parte”.
Desde que su tío había desaparecido misteriosamente, el cercano cementerio donde trabajaba de sepulturero se mostraba mucho más silencioso que antes. Los pájaros ya no cantaban, el viento cambiaba constantemente de dirección y el reloj instalado en la torre de la cercana iglesia parroquial se detenía cada dos madrugadas a las 3:21 horas. Los cada vez menos fieles que asistían a misa no lo comentaban en voz alta, pero estaban más que convencidos de que algo se había despertado en el pequeño y coqueto recinto sagrado.
La sobrina del sepulturero desaparecido esperó hasta el amanecer. Equipada con una lámpara de aceite, junto con el correspondiente plano del cementerio y portando la vieja y desgastada cazadora de cuero negro heredada en vida de su tío, se dispuso a caminar entre las lápidas. Casi tropieza con aquella lápida ladeada, sin nombre, justo en el lugar donde el plano la señalaba. Debajo de la sepultura, una trampilla de madera con un símbolo grabado apenas perceptible. Se trataba de un cuervo con las alas extendidas y un ojo abierto estampado en su pecho.
Al abrir la trampilla el ambiente cambió. El túnel descendía entre húmedas paredes cubiertas de raíces que recordaban los dedos de unas manos. Los pasos de la muchacha resonaban suavemente a través del silencio. A unos veinte metros de distancia descubrió la bifurcación; tres caminos marcados por tres símbolos distintos. Sin pensarlo, eligió el camino del medio, el del cuervo.
Ahora el camino parecía estar más vivo. La piedra de las paredes no estaba fría y el eco de sus pasos estaba acompañado. Aleteos, murmullos, voces conocidas que recordaban el pasado; fragmentos de su niñez, imágenes de su joven madre que había fallecido años atrás, palabras de consuelo que nunca llegó a recibir. Con cada paso que daba se sumergía más en aquella memoria que no era suya, pero que la envolvía como si lo fuera.
De pronto alcanzó la galería. Las paredes estaban cubiertas de cuadros antiguos, retratos ennegrecidos por el paso de los años y, al fondo, una imagen mucho más reciente. Era ella, de espaldas, frente a una oscura figura que se parecía mucho a su desaparecido tío, pero sin rostro.
Mirándolo con atención, el retrato parecía moverse al ritmo de la llama de la lámpara de aceite que llevaba en su mano. Y fue entonces cuando la representación habló: “El túnel no es lugar, es espejo. No busques cuerpos, busca almas que recuerdan”.
Entonces la muchacha retrocedió. El túnel comenzó a cerrarse, como replegándose hacia la oscuridad. Pero antes de que todo se desvaneciera, el cuervo grabado en la trampilla apareció en el aire, frente a ella. No volaba, flotaba. Y le entregó a la muchacha una pluma negra, suave como la seda, caliente como la sangre.
La pluma negra, según escribió en un artículo el buscador de historias imposibles, es mucho más que un objeto físico, es el símbolo central que conecta el túnel, los recuerdos perdidos y el misterio de la desaparición del tío de la muchacha. En este universo, digamos gótico, que estamos construyendo, la pluma negra puede y debe desempeñar varios roles interconectados. Veamos.
La pluma negra funciona como catalizadora de la memoria ancestral. Al recibirla, la sobrina del sepulturero desaparecido obtiene acceso directo a los recuerdos ocultos, incluso aquellos que no vivió directamente. Puede permitirse “ver” los últimos instantes vividos por su tío antes de esfumarse.
Su tío, en realidad, no fue absorbido por el túnel, sino que se convirtió en parte de él, para mantener viva la historia de quienes se pierden recorriendo pasadizos. Su imagen sin rostro que aparece en el retrato del túnel puede tratarse de una advertencia.
En realidad, la figura sin rostro activa las pistas. La pluma negra precipita las señales en puntos clave del recorrido del túnel del cementerio.
Escritor e investigador de temas relacionados con los enigmas y misterios de la Historia. En la actualidad dirige y presenta el programa La Realidad Oculta en Radio Balear, colabora en esRadio971 con La Mano Negra, sección semanal dedicada a las crónicas negras, enigmas, misterios y curiosidades y dirige el blog de investigación La Realidad Oculta (balearoculta,blogspot.com).
Ha publicado los siguientes libros: El Delfín y la Estrella. Vida de Antonio Ribera (Tot Editorial. Barcelona. 1995), Enigmas y Misterios. 13 Lugares Malditos (Es Ediciones. Madrid. 2009), 13 Profecías Ocultas (Es Ediciones. Madrid. 2009), Los Correctores del Destino, el rumor no siempre está equivocado (La Niebla Ediciones. Mallorca. 2011), en colaboración con Vicenç Zanón, Templarios en Mallorca (Ediciones Dédalo. Barcelona. 2013), en colaboración con Juan Manuel Ruíz Fernández, y La vuelta a Mallorca en 80 rutas (Editorial Gâlata Books. Mallorca. 2017).








0 comentarios