El efecto Demichelis, como algunos lo calificaron, se ha esfumado por idéntica razón a la que condenó a Jagoba Arrasate: una defensa de chiste. Mientras este último pedía extremos, el primero sustituyó a Luvumbo después de haberlo descubierto. El angoleño, único recurso a la contra de un Mallorca sin juego, había dado muestras de su velocidad ante una apuesta arriesgada de Eder Sarabia, al alinear una zaga de tres cuyas facilidades solamente retaba el susodicho refuerzo invernal.
El efecto Demichelis, como algunos lo calificaron, se ha esfumado por idéntica razón a la que condenó a Jagoba Arrasate: una defensa de chiste
No fue el único experimento del argentino, que se permitió, en la rueda de prensa previa, renegar de los jugadores estáticos. Un buen titular de prensa que le puede mostrar a Toni Lato, una estatua en la decisiva acción del tanto de la victoria local. Confiar el otro lateral a Antonio Sánchez frente a un extremo de la habilidad de Germán Valera, es una invitación al suicidio perpetrado después o, lo que sería más preocupante, un desprecio al informante que cuesta creer no advirtiera de la principal arma ilicitana: la conexión Febas-Valera.
En esta ocasión, el nuevo entrenador balear dejó de lado el rombo en el centro del campo, para regresar al 4-2-3-1 que no le sirvió para evitar que sus hombres continuaran perdiendo la pelota antes de llegar a la línea de tres cuartos, igual que durante toda la campaña, con Sergi o sin él. Sobre todo con Morlanes, sustitución incomprensible no por lo que aporta el jugador, nada, sino por la identidad del suplido, el mencionado Luvumbo. También podríamos preguntarnos cuál era la idea de meter a Kalumba a dos minutos de los 90, con los franjiverdes con sus diez integrantes apiñados delante de su portero.
Un equipo que marca primero a falta de media hora y no es capaz de aguantar el balón es carne de cañón o algo peor
Un equipo que marca primero a falta de media hora y no es capaz de aguantar el balón, ya lo vimos en Pamplona, ni diez minutos en el feudo de un anfitrión y su público en shock, es carne de cañón o algo peor. No se sostuvo ni siquiera mientras los médicos discernían sobre subir el enfermo a planta. Al contrario, tuvieron que ingresarlo nuevamente en la UCI, de donde no se sale con medidas desesperadas ni maniobras orquestales y mucho menos regalando penaltis, entre otros gentiles obsequios.
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