No hay ninguna final igual, pero la de hoy tiene un montón de componentes que la hacen, como poco, incomparable a ninguna de las anteriores, todas, fijo, extraordinarias.
Primero se celebra en uno de los países menos futboleros del planeta, presidido por alguien que no tiene ni idea de fútbol, aunque él cree saber de todo… más que nadie, sobre todo para cambiar las reglas del fútbol, borrando una roja a su dictamen y capricho. Ese gesto puso en duda todo lo que ocurrió después en esta Copa del Mundo, adulterada.
Se juega en Nueva York, la ciudad menos futbolera del mundo, con entradas a 30.000 dólares, que convierte el espectáculo deportivo en lo de menos. Por eso habrá una parada ‘a lo Super Bowl’ («The economy, stupid», le dijo Bill Clinton a George H. W. Bush padre, en 1992) y anillos NBA de 130.000 dólares para los ganadores.
Será, cómo no, como debía ser, como todo el mundo esperaba, América contra Europa o, mejor aún, Sudamérica contra Europa. Y lo será, incluso, en el estilo de juego: pasión, corazón, determinación, insistencia, heroicidad contra técnica, pausa, dominio, ‘tiki-taka’ y brillantez futbolística.
Será, aunque muchos no lo quieren, aunque escueza y mucho, hasta demasiado, la mayor demostración de que La Masia, la cantera, la academia, el estilo, la escuela, la residencia, la nursery del Barça es la mejor del mundo. Se trata de la conquista (definitiva) de la idea futbolística del Barça, admirada por el mundo entero.
Será, aunque con ‘La Pulga’ nunca se sabe, el último duelo mundialista entre el mejor futbolista de la historia y el ‘niño de oro’ Lamine Yamal. Y, sí, cierto, ‘D10S’ viene ejerciendo de ‘D10S’ y quién sabe si el prodigio culé estallará esta misma noche, que es la única noche en que debe estallar.
Será el duelo entre dos selecciones, dos equipos, dos estilos de juego que han caminado y llegado a la finalísima por caminos muy dispares. España, a lo grande, a lo bestia, jugando a fútbol, mostrando el estilo de siempre, que es admirado en todo el mundo y exportado, a través de decenas de técnicos, a todos los países que quieren aprender a jugar al balompié. Y Argentina, que ha llegado al último día arrastrándose, con corazón y poco fútbol, con ahínco, empeño, constancia, obstinación y coraje, mucho coraje.
Será el choque entre una selección que tiene todo un país detrás y un equipo que, por aquellas cosas de la España diversa y, sobre todo, por las envidias de los ‘ismos’ futbolísticos, no tiene a todo el país vestido de rojo, aunque casi, casi.
Será una final donde Javier Milei, el nuevo amigo de Donald Trump en las Américas, ha temido perder y no ha viajado a Nueva York, quedándose en Los Olivos para ver la final con ‘la jefa’, su hermana Karina. Y un presidente, Pedro Sánchez, que aunque esté tremendamente enemistado con el presidente de presidentes se sentará junto a la Familia Real Española sabiendo que una victoria de Lamine Yamal & Cía. le provocará la única alegría de los últimos años.
Será una final entre el maestro y el alumno, entre dos amigos, entre dos colegas que se aprecian y respetan, que comparten llamadas y charlas interminables, entre Luis de la Fuente, profesor de Scaloni en la escuela de entrenadores, y el Lionel mallorquín, dos habitantes de la España futbolera y admirada.
Será el enfrentamiento entre dos maneras (parecidas) de dirigir a sus futbolistas, que tienen como padre listo y experto al gran Vicente del Bosque, el conquistador de la primera estrella. Aquel que, no hace mucho, le transmitió a Luis de la Fuente el truco para ser campeón: «Que parezca que mandan ellos, pero que se haga lo que tú quieras». O, en el caso de Scaloni, lo que prefiera Leo Messi. Por eso ganan los dos, porque tienen más mano izquierda que los otros 46 seleccionadores que han perdido.
Será un pulso con un árbitro esloveno sobre el césped y un colombiano en el VAR. Será un partido donde, de entrada y visto lo visto en este Mundial exótico (en todos los sentidos y no todos buenos), son muchos los que tienen derecho a dudar de los árbitros, empezando por Argentina, que se ha quejado de que Slavko Vinčić es europeo y que con él perdieron en el debut de Lionel Scaloni ante Arabia Saudí. Como Nicolás Gallo, colegiado del polémico VAR, es colombiano, los albicelestes no se han quejado. Hay algo de América en él.
Será la segunda final de una Copa del Mundo que hable enteramente castellano: Argentina-España. Solo existe un antecedente y es, curiosamente, la final de la primera Copa del Mundo, celebrada en Montevideo, y que enfrentó a Uruguay y Argentina, con victoria de los locales por goleada (4-2).
Será la final en la que el fútbol de siempre, liderado por Leo Messi, el ‘Cid Campeador’, capaz de ganar batallas incluso muerto o casi muerto, se enfrentará al fútbol del presente y del futuro, a la magia de un ‘influencer’ de 19 años, Lamine Yamal, 20 años más joven que el mito, que espera tomar el relevo, en vivo y en directo, en Nueva York, la ciudad que nunca duerme. Ni dormirá.
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