Cuesta imaginar qué partido había visualizado Arrasate para intentar ganar, único resultado válido, en Vigo. Si después de veinticinco jornadas de una inédita eficacia defensiva la única ocurrencia es colocar a Antonio Sánchez como un lateral adelantado con Maffeo de central diestro, Valjent de zurdo y Raíllo de antiguo «líbero», o debe hacérselo mirar o la UIB tiene que improvisar una cátedra de fútbol para los que no entendemos nada.
En su descargo cabe señalar que sus ¿discípulos? hicieron caso omiso a sus instrucciones que, por otra parte, eran las de siempre: balones a Jan Virgili y la cabeza de Muriqi. El kosovar fue advertido por el árbitro a las primeras de cambio y el joven extremo se tuvo que pasar más tiempo persiguiendo al defensa que el lateral a él. Con Mascarell de apagafuegos y Samu de correcaminos, Sergi Darder deambulaba de un lado a otro para nada, igual que Ricardo III en busca de su caballo.
A un Celta sin Starfeld, Moriba, Bryan Zaragoza, Carreira, sin Swedberg hasta el intermedio y Aspas o Borja Iglesias hasta avanzada una hora, siete de sus titulares, le habría bastado el acierto de Pablo Durán al encarar a Leo Román o el de Hugo Álvarez tras sortear contrarios en el área como Pedro por su casa, sin tener que recurrir a sus estrellas para hacer, al contrario que el Mallorca, aquello para lo que había salido al campo: ganar.
Explicar a qué jugaban los de Jagoba no puede ser y además es imposible. A lo sumo, a pasarse la pelota de lado a lado para terminar en una cesión al portero y el pelotazo de costumbre. La misma película que una semana antes frente al Betis, pero en blanco y negro y sonido mudo. Mientras el anfitrión se adueñaba del balón ante la atenta mirada de los rojillos, el cansino paso de los minutos provocaba la siesta que los visitantes habían organizado. Si en el primer tiempo no pisaron terreno enemigo, en el segundo no llegaron al área. Vacaciones para Radu, guardameta local, y a esperar que el cronómetro fuera más deprisa que el equipo olívico.
Más inexplicable resulta que, por cansados que estuvieran de ir de un lado para otro sin saber por ni para qué, relevar a Muriqi y Virgili si tienes la pretensión de ganar, nunca demostrada, es la peor decisión que puede tomar un entrenador cuyos conocimientos no se discuten, pero que parece haber perdido los papeles sin opciones de recuperarlos.
No es el único reo, cierto. Pero eso ya está hablado y, por desgracia, habrá que insistir.
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