La peor defensa
Dijo Alfredo Di Stéfano que la mejor defensa es un buen ataque, pero no aclaró qué se puede hacer cuando tu vanguardia solo anota entre el aprobado y un notable. Tampoco confundamos los términos y circunscribamos la responsabilidad defensiva a los cuatro zagueros más retrasados. Mientras Virgili, la única amenaza seria del Mallorca, pronto se encontró con dos y hasta tres enemigos para cercenar sus escarceos, con Marc Roca apoyando a Ruiba, mientras en el otro lado Fidalgo hacía lo mismo con Ricardo, ni Samu ni Mascarell, descolocados e imprecisos, se solidarizaban con Maffeo y Mojica, ya de por sí vulnerables, a pesar de que la acción de Antony en el tanto inaugural no solo la habrán visto los jugadores durante toda la semana —costó la derrota en la primera vuelta—, sino que se repite jornada tras jornada a través de la televisión.
Con entrenamientos a puerta cerrada resulta imposible saber qué se entrena en Son Moix, porque lo peor es que las dificultades en ambos flancos de la retaguardia se reproducen sin remedio ni remisión, como la previsible ofensiva del equipo urdido por Arrasate, limitada a las rupturas de Virgili, nunca finalizadas con éxito, o la irrupción de Muriqi a base de rematar lo poco que le llega. Un dato: Álvaro Valles, guardameta verdiblanco, no tuvo que intervenir ni una sola vez en toda la noche.
Calidad, recursos y presupuesto aparte, la diferencia entre ambas escuadras aparece tan meridiana como sencilla. Mientras Manuel Pellegrini ha fabricado un conjunto homogéneo, compacto, que explota sus individualidades pero juega en bloque, Jagoba intenta sacar rendimiento de una plantilla recosida a base de retales que se deshace al primer roto o tirón. Al invitado de turno le bastó con esperar al Mallorca en su terreno, ocupar los espacios y ralentizar el conocido soniquete que culmina en el pelotazo de turno al área ya poblada de vigilantes. No hay un desmarque de ruptura, una pared lateral o interior, un pase filtrado. Nada. Como si todos los partidos se pudieran y tuvieran que jugar igual, sea cual sea el contrincante designado en el calendario.
El kosovar primero y el chaval en las postrimerías acariciaron el empate, cierto. Sin olvidar el poste de Marc Roca al minuto tras la enésima salida a destiempo de Leo Román, que, en el segundo tiempo, tuvo que salvar dos mano a mano para impedir la sentencia, y David López, una flor en el desierto, logró prolongar una vana y milagrosa esperanza al alejar un balón a punto de sobrepasar la línea de meta. ¡Ah! Debutó Zito Luvumbo. Corre mucho, sí. De lo demás, ya veremos.
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