Pablo Ortells, director de fútbol del Mallorca, cayó en su propia trampa o se la tendieron al planificar la plantilla para la temporada en curso en base al global de la clasificación obtenida en la anterior, obtenida merced a una primera vuelta superior a las posibilidades del equipo, que se pusieron de manifiesto en la segunda mitad del campeonato. Se avanza si corriges los errores, no regocijándote en los éxitos.
Martín Demichelis haría bien en hacer autocrítica a partir del resultado que se dio en El Sadar, sin magnificar los brotes verdes mostrados por sus nuevos pupilos ni buscar consuelo en la expulsión de Virgili, por rigurosa que fuera, las lesiones de Raíllo y Pablo Torre o la excesiva prolongación del partido determinada por el árbitro José Hernández Hernández. En primer lugar, porque Osasuna empató ya en idéntica inferioridad numérica con motivo de la tarjeta roja mostrada a Raúl García; en segundo lugar, porque acortó distancias antes de los 90 minutos y las equilibró 7 antes del silbato final, con tiempo para devolver el golpe si inmediatamente después Antonio Sánchez no hubiera rematado solo dentro del área local peor que entrenando a los porteros. En Palma, hace solamente tres meses, ocurrió exactamente lo mismo. Dos goles de Muriqi que aguantaron hasta el minuto 82 y derivaron en tablas a los 91.
Veamos: si tienes un delantero que ha marcado 17 goles y ocupas posiciones de descenso tienes un problema que no se reduce a atacar más o menos ni a los porcentajes de posesión. Si te estás jugando la vida no puedes, bajo ningún concepto, encajar dos veces en un puñado de segundos y tampoco, recordando los puntos perdidos en Cornellá y Vigo, regalar penaltis ingenuos cometidos por un veterano aunque sea el capitán. La pregunta que se plantea, entre otras, es por qué no se defienden mejor los centros laterales que el rival lanza una y otra vez sobre el área cargada de sus artilleros y los zagueros de ambos lados se enfrentan a constantes desventajas de uno contra dos o ceden sus espaldas descubiertas con una facilidad impropia. Antes que mandar, primero para y luego templa.
Tal como se desarrolló el encuentro, tirar a la basura una victoria en un campo particularmente complicado como el de Pamplona supone un lujo que un equipo en algo más que apuros no se puede ni debe permitir. El inmenso error de Arrasate fue, malos fichajes aparte, empeñarse en empezar la casa por el tejado cuando el problema radica en sus cimientos.
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