Parece imposible que un encuentro en el que los dos contrincantes gozaron de claras oportunidades, el Mallorca alguna más, se decidiera merced a dos errores impropios de futbolistas de Primera División. Paradójicamente, el del guardameta visitante en contradicción con sus paradas que, en el segundo tiempo, salvaron a su equipo. Más inocente el de Mateu que, obsequio improcedente en un lance de tanta trascendencia, no hizo olvidar la ausencia de Maffeo.
Más que el empate, cuyas consecuencias no conoceremos hasta que termine la Liga, lo más destacado de la escuadra de Martín Demichelis fue su empeño en ganar, la intensidad que puso al servicio del objetivo y con la que plantó cara a un enemigo superior, aun cuando Marcelino García Toral acabó con casi todos sus titulares frente a la evidencia de que el anfitrión acaparaba la posesión del esférico, dificultando su salida combinativa y obligándole a un fútbol directo sin más rédito que esa pena máxima circunstancial y también otras tres ocasiones, no más, malogradas por Buchanan, Gerard Moreno y Mikautadze.
Pero si hablamos de oportunidades, el «Submarino» no lamentó su hundimiento gracias a cinco intervenciones, dos de ellas prodigiosas, para detener tres cargas de profundidad de Muriqi, otra de Pablo Torre y el torpedo de Jan Virgili en un libre directo a sesenta segundos del final.
La justicia no existe en el fútbol. Para hablar de lo que pudo suceder, aunque no ocurriera, es más aconsejable apelar a los merecimientos. El Villarreal, más honesto en su papel de árbitro que el Atlético de Madrid, la Real Sociedad o Osasuna, sumó alguno menos que el Mallorca. Cuando el calor y el tiempo causaron mella en la resistencia física de los protagonistas, ambos banquillos eran incomparables; sin embargo, y a excepción de los escarceos de Pepé por la derecha y un ejercicio egoísta de Moleiro por el lado contrario, imperó el posicionamiento local que tal vez no alcanzó para un premio mayor.
En el duelo entre la vida y la muerte, el más débil aún respira a las puertas todavía abiertas del cielo y el infierno.
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