Y además era imposible
Porque lo que no puede ser, no puede ser. Mientras los causantes de la debacle se aferraban, uno, Alfonso Díaz, a una conjunción astral y el otro, el director deportivo, al 5 por ciento de las probabilidades de permanencia inmerecida, el presidente Kohlberg, que hace solo dos meses alababa su labor, compartía fracaso con uno de sus accionistas, Steve Kerr, seleccionador americano de baloncesto, a la espera de una carambola fantasma.
Tardó el Mallorca de Demichelis, terco con su rombo y confiado en el inútil correteo de Asano, en apartar la idea de que tampoco le saldrían las cosas ante un rival que incluso había reservado a su portero titular y concedía sus últimas oportunidades a otros jugadores no alineados en jornadas precedentes. Se habían pasado la primera parte buscando, como siempre, la cabeza de Muriqi, anulado por Dani Calvo, sin más opciones que los fallos del japonés en las ocasiones más claras. El empeño de Maffeo, raras veces perseguido por su par, propició que, pendientes del kosovar, se aprovechara Pablo Torre para batir la meta asturiana.
Tras la pausa de refrigerio, ya hace calor, Guillermo Almada, el técnico mexicano, cambió de banda a Ilyas y su equipo empezó a dar alguna muestra de control. Una vana percepción, puesto que Leo Román no iba a ser inquietado más que en un cabezazo de Dani Calvo, cómo no, a la salida de un córner, y ya en el segundo tiempo, un disparo de Ylias repelido pese a la posición en línea de tiro de uno de sus compañeros que se anuló por fuera de juego.
No fue muy diferente el segundo acto de un partido inexistente. Los minutos fueron apagando las luces de un enemigo vencido incluso antes de salir al campo y, más atentos a lo sucedido en otros estadios, el público agradecía el esfuerzo de los suyos por agradar sin acabar de conseguirlo, mientras aplaudía el regreso de Raíllo, los minutos de Abdón y los goles del Getafe o el Girona, inservibles al fin y a la postre.
Muchos de los futbolistas del Mallorca aguantaron el chaparrón sin abandonar el césped, algunos de ellos a lágrima viva, un llanto que tampoco reprimían algunos espectadores. Pero esta ya es otra historia y se la contaremos a partir de mañana, lamentablemente con los mismos dueños del club, los mismos ejecutivos que han dirigido el hundimiento de la nave.
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