He notado tras la derrota del pasado domingo en El Molinón ante el Sporting una cierta corriente pesimista. Sinceramente creo que no hay motivos para alarmarse, el Mallorca perdió un partido como visitante, algo que no ocurría desde el pasado 12 de julio en el Pizjuán frente al Sevilla y por idéntico resultado, 2-0.
La derrota algún día tenía que llegar y sucedió en lo que sobre el papel era la salida más difícil en lo que resta de campeonato. La noticia positiva es que los rivales más directos, Almería y Espanyol, únicamente han restado un punto. Estos jugadores tienen crédito, se lo han ganado a pulso durante las 29 jornadas transcurridas.
Es cierto que el nivel de juego ha bajado un poco en los últimos tres partidos, fue suficiente para vencer a Logroñés y Cartagena pero no bastó contra un duro rival como es el Sporting. El bajón ha coincidido con la ausencia de Ruíz de Galarreta, no es casual.
El sábado nos visita el Oviedo, un encuentro que debe servir para recuperar la calma y afrontar posteriormente una Semana Santa de máxima exigencia con tres jornadas a disputar en siete días donde seguramente Luis García hará rotaciones y algunos de los menos habituales deberán dar la talla. Cada vez queda menos y nadie dijo que sería fácil, los ascensos a Primera del Mallorca nunca lo han sido.
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