Los ecos del pasado fin de semana han apuntado directamente a algunos de los arbitrajes en partidos concretos que una vez más colocan en la diana las actuaciones desde las cabinas VOR.
Además de la incorrecta aplicación del protocolo que señala cuándo y cómo ha de intervenir el responsable del VAR, que se impuso para corregir solo acciones MUY claras, los árbitros de campo usan una herramienta que debería ayudarles como una forma de eludir las decisiones que les corresponden: palabra de VAR, te adoramos señor. Las imágenes, que admiten sesgos en función de los ángulos de las tomas, muestran los hechos, pero son inútiles a la hora de interpretarlos. De ahí nacen muchos errores.
El colegiado madrileño inscrito en Baleares, Cuadra Fernández, -mala temporada- atendió la llamada de Caparrós Hernández, colegiado de Segunda premiado con café, puro y pantalla por el CTA, quien le convenció de invalidar el segundo gol del Celta en Cornellá por un fuera de juego inexistente de Borja Iglesias, a quien el balón le llegó golpeado por un defensa del Espanyol, El Hilal. El «madrillorquín» le diría al entrenador gallego, Giráldez, que tal cesión había sido involuntaria. ¿Dónde está escrito eso? Una jugada idéntica se produjo en el reciente Barça-Mallorca cuando Lewandowski, en posición antirreglamentaria, aprovechó un rebote en la cabeza de David López. Más involuntario que eso, imposible. Decisión: gol y uno a cero.
En este ejemplo encontramos falta de personalidad del árbitro de campo, desconocimiento absoluto de su compañero en cabina o exceso de celo intervencionista con resultado de dos puntos menos a los vigueses, con los que habría superado a su anfitrión en la tabla clasificatoria.
En el Girona-Barça del lunes pasado, no se hizo repetir el penalti fallado por Lamine Yamal pese a la entrada en el área del jugador local Bryan Gil antes de que el lanzador ejecutara el disparo, una falta claramente expresada en el reglamento. Sin embargo, al parecer existe una norma o circular interna que permite a los árbitros pasar por alto la infracción si el infractor no interfiere a ningún contrario ni hace ademán de ir a por el rechace del balón. Aquí el problema es mayúsculo, ya que ese matiz no reglamentado viene a ser forzosamente desconocido por los agentes implicados: futbolistas y técnicos.
Mientras la FIFA ya estudia cambiar la absurda línea que delimita el «offside» para evitar, entre otras idioteces, las pérdidas de tiempo para decidir si una uña del dedo meñique del pie de un atacante estaba más adelantada o no que la de su defensor, la absurda política de la Federación Española y del propio Comité, permite dudar de la eficacia del sistema. En lugar de dedicarse a recordar el nombre de pila de sus colegiados soslayando el apellido de sus madres, ¡menuda tontería!, deberían revisar si son los descendidos o malos de cada categoría los más adecuados para ejercer de asistentes televisivos y si aquellos que permanecen en activo ocupan la categoría que merecen o cabría aplicar los ascensos y descensos de acuerdo con sus méritos y sin esperar necesariamente a final de cada temporada.
La actitud del navarro Galech Apezteguía en el Sevilla-Alavés no acredita una menor sanción que la impuesta al entrenador local, Matías Almeyda, siete partidos. Rafael Louzán y el designado presidente del CTA, Francisco Soto, que compren congeladores en lugar de neveras.
COMENTA LA NOTICIA