Manuel Martín Ferrand decía que omitir el nombre de un restaurante o un hotel donde se celebrara un almuerzo o una cena entre personajes de interés público era un hurto a la información, en cambio hacerlo para loar la calidad del menú era publicidad gratuita. Si levantara la cabeza y viera que ya se convocan ruedas de prensa sin admitir preguntas, ya no digamos una réplica, y los medios de comunicación acuden embobados a la convocatoria, sea del presidente del Gobierno o del Real Madrid, sin duda volvería a su tumba.
Hubo un tiempo en que cuando los clubs de fútbol iniciaban sus campañas de abonos ordenaban espacios publicitarios en los periódicos para dar cuenta de los precios, lo mismo que hacían los cines para anunciar sus estrenos semanales. Ahora se les da sin cargo alguno. Gratis total. Los precios detallados por gradas y categorías y las películas con reparto y sinopsis orientativas. Los tiempos han cambiado, canturrea Bob Dylan, si y los periódicos también. Todos rozan la ruina. Despiden a un redactor o un columnista para después regalar tinta y papel como si no hubiera que pagarlos o la localidad de un recinto deportivo o de cualquier tipo de exhibición no constituyera la venta de un producto. ¡Allá ellos!.
Se me olvidaba explicar que mi antiguo director general, nombrado en el encabezamiento del presente texto, nos advertía que fuéramos selectivos a la hora de asistir a conferencias de prensa que, añadía, siempre interesan a quien las promueve, pero no siempre a nosotros o, lo que es lo mismo, a nuestros lectores, oyentes o espectadores.
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