Acabamos de aterrizar en aquella ciudad que casi nunca duerme, donde los rascacielos acarician las nubes y la luces nunca se apagan del todo. Allí, hace ya muchos años, supe por primera vez de la existencia de aquella enigmática mujer. Muy pocos conocen su verdadera identidad, pero, su gran influencia, al parecer, se extiende por todos los rincones del planeta. Desde las más importantes decisiones efectuadas por los líderes mundiales, hasta las fluctuaciones de los precios del mercado de valores, todo está, me dicen, bajo su invisible control.
Pero, por supuesto, aquella enigmática mujer no opera sola. Un exclusivo círculo de personas, igualmente misteriosas y desconocidas, que comparten la visión de un mundo movido, entre bambalinas, por hilos invisibles, forman parte de esta, digamos, selecta red de correctores del destino. Me dicen que, dichos correctores, se comunican mediante tecnologías avanzadas y códigos secretos, moviendo así, a su antojo las piezas del tablero global con precisión milimétrica.
Me cuentan que, entre sus más notables habilidades, tienen la capacidad de anticiparse a los acontecimientos venideros. Predicciones basadas en complejos algoritmos y análisis detallados, les permiten prever y, al mismo tiempo, crear crisis económicas, cambios políticos y medioambientales, conflictos bélicos, pandemias y avances tecnológicos, ajustando y adaptando el curso de la historia a su favor.
Pero, parece ser que, no todos los que forman parte de estos poderes ocultos pueden moverse a sus anchas, entre bambalinas. Una buena parte de la humanidad, gracias a su naturaleza imprevisible y su espíritu indomable, siempre descubre alguna forma de sorprender. Me cuentan que, movimientos sociales espontáneos y actos de rebeldía individual, muy a menudo desafían los meticulosos planes trazados por la enigmática mujer y sus secuaces. Lo que ignora el resto de la humanidad, es que, lo sé de buena tinta, cualquier movimiento de presunto enfrentamiento y rebeldía, está financiado, también, por aquella enigmática mujer y sus secuaces.
Y es que, efectivamente, “ella” y “ellos” nos siguen observando, nos siguen engañando y nos siguen manipulando, sabedores que el mundo, a pesar de los pesares, sigue siendo un lugar maravilloso, donde cada hilo, por más pequeño y fino que sea, siempre tiene el potencial de ayudar a tejer un nuevo destino, un más que delicado equilibrio, eso sí, entre el orden y el caos.
Acabamos de abandonar aquella ciudad que casi nunca duerme, donde los rascacielos acarician las nubes y las luces nunca se apagan del todo.
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