Papá Roig, es decir, Fernando Roig Alfonso, el auténtico dueño del Villarreal y de casi todo, trató de enderezar el entuerto, pero le fue imposible. Tanto es así, que llamó, personalmente, a Marcelino García Toral y le pidió si podían tomar un café o, tal vez, sí, comer un arrocito en la playa.
Marcelino le dijo que “por descontado” o “por supuesto”, pero también le dijo: “Voy a llamar a mi presidente”, es decir, a tu hijo, Roig Negueroles, para informarle de que nos vamos a ver. No le dijo “aunque no sé muy bien para qué” por dos razones muy serias: una, al poderosísimo señor Roig Alfonso nadie le informa de nada, lo sabe todo y, dos, estaba claro que sabía que iba a tratar de convencerle de que siguiese como capitán o comandante del ‘submarino amarillo’.
Papá le pidió a Marcelino que aceptase la propuesta de su hijo, venga, va, por favor, y el técnico le dijo que le parecía, ciertamente, humillante. Marcelino ha vuelto a clasificar al Villarreal para la Champions y de una manera lujosa. Es más, la familia Roig, solo por ese concepto, es decir, dos clasificaciones de Champions consecutivas, el club ha recibido la friolera de 50 millones de euros.
Marcelino le dijo al dueño (de verdad) que lo normal hubiesen sido, como poco, dos años. Y ni hubo dos años, ni papá llamó a su hijo para que cambiase de idea. Y Marcelino y sus otros seis compañeros de ‘staff’ —es pura mentira que el técnico Careñes (Villaviciosa, Asturias) tenga 23 ayudantes, ¡mentira!—, entre los que está su hijo Sergio y también Bruno, el hijo de Rubén Uría, sus segundos, es decir, todo muy familiar, decidieron irse al paro. O no.
Y es aquí cuando uno se pregunta (y muy en serio) cómo es posible que el Real Madrid, que no sabe qué hacer con su banquillo, que ya ha visto que solo con la labia de Álvaro Arbeloa no se va a ningún sitio, que Jürgen Klopp le ha dicho mil veces a Florentino Pérez que no viene y no tiene a nadie capaz de enderezar un vestuario que acaba de sumar (o restar) su segundo ‘nadaplete’ seguido, no fiche a uno de los mejores técnicos del mundo.
Marcelino siempre, siempre, siempre ha dejado el club que ha cogido, que ha entrenado, muy por encima de la posición en la que se hizo cargo de su banquillo. Marcelino, que es partidario de no torturar tácticamente a sus futbolistas, por eso juega el tradicional 4-4-2, eso sí, con mil variantes, entre las que está la libertad de hacer lo que quieran (los buenos), merece algún día, algún año, alguna temporada coger un equipo grande. Si ha demostrado ser capaz de conseguir enormes metas —la primera, jugar un fútbol moderno y tremendamente agradable, además de ofensivo—, qué no logrará cuando pongan en sus manos un racimo de los mejores futbolistas del mundo.
Es posible que, como es español (mira, dos técnicos españoles van a jugar la final de la Champions, vaya, vaya), a Florentino Pérez no le llena el ojo. O a José Ángel Sánchez, su mano derecha, le parece poco glamuroso. O a Anas Laghrari, el poderoso banquero del ‘ser superior’, le parece que es demasiado barato. ¡Vaya usted a saber! El caso es que el entrenador (y yo no tengo el gusto de conocerlo, no) que ha hecho mejores a todos los equipos y futbolistas que ha entrenado ni siquiera le interesa a un necesitado Real Madrid, estando como está libre.
La apuesta de Marcelino es, desde luego, tremendamente sensata. También es verdad que, tal vez, no es un entrenador manipulable y, por tanto, no interesa al ‘ser superior’, que arde en deseos, pese a su edad, de ponerse el chándal, pues ya está para coger un equipo.
Desde luego, alguien que ha contratado a Xabi Alonso por tres temporadas y lo ha despedido a los pocos meses, por petición expresa de uno de sus jugadores, no debería hacerle ascos a Marcelino García Toral. Ya ni les cuento si su siguiente apuesta fue el altivo Arbeloa, que no ha empatado con nadie y, de su mano, el Real Madrid ha completado, insisto, su segundo ‘nadaplete’ consecutivo.
Nunca nadie consideró un disparate, un riesgo desmedido, una apuesta alocada, fichar a Marcelino. Y, repito, nadie como él conoce LaLiga, el fútbol español, los entornos, las presiones y los medios. Eso sí, hablar español no parece imprescindible para que te fiche el Real Madrid; total, en Valdebebas, casi no hay futbolistas españoles. Al menos en el (supuesto) equipo titular. No en la selección española aspirante a la Copa del Mundo.
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